Las despedidas 1

musador

esperando...
Sentir que cada día
el frío de tu soplo tras mi nuca
congela mi alegría,
mi espíritu machuca,
me pinta la belleza de caduca.


Si indago por la noche
en los inmensos cielos estrellados
me siento ya fantoche
de sueños olvidados,
desvanes de palacio abandonados.

Contando camalotes
que con las mansas aguas se deslizan
del tiempo los azotes
mis cenizas atizan
allí donde esperanzas agonizan.

Si del mar y su espuma
en mi mirada encuentro la cabriola,
ya la inunda la bruma
del soñar que se inmola:
dura certeza en mi novena ola.

Sabor a despedida
me persigue sublime en la belleza,
tiempo de la partida,
futuro que ni empieza,
un último reclamo a mi entereza.
 
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Sentir que cada día
el frío de tu soplo tras mi nuca
congela mi alegría,
mi espíritu machuca,
me pinta a la belleza de caduca.


Si indago por la noche
en los inmensos cielos estrellados
me siento ya fantoche
de sueños olvidados,
desvanes de palacio abandonados.

Contando camalotes
que con las mansas aguas se deslizan
del tiempo los azotes
mis cenizas atizan
allí donde esperanzas agonizan.

Si del mar y su espuma
en mi mirada encuentro la cabriola,
ya la inunda la bruma
del soñar que se inmola:
dura certeza en mi novena ola.

Sabor a despedida
me persigue sublime en la belleza,
tiempo de la partida,
futuro que ni empieza,
un último reclamo a mi entereza.



Unas excelentes liras, cargadas de belleza y pesimismo, Jorge; ese, que nos deja la certeza de que cada mirada de la belleza es quizás una despedida; ese baño de realidad al ser conscientes de que, en nuestro reloj, suena cada vez mas fuerte su tic tac ... Ya se percibe desde tus primeros versos, como una amenaza, como si al contemplar la belleza sintieras, ya, qué es efímera su visión y que tiene sabor a despedida una amalgama de dicha y tristeza, una mirada cargada de melancolía ...

Si indago por la noche
en los inmensos cielos estrellados
me siento ya fantoche
de sueños olvidados,
desvanes de palacio abandonados.

Tiene una alto lirismo tu poesía, la belleza tendrá sabor a despedida para ti, según nos cuentas, pero la inspiración se ha traído las maletas y es tu compañera, no hay más que observar el alto vuelo de tu poesía.
Me has contagiado tu tristeza Jorge, pero de eso se tratan, hay tanta veracidad en tu poesía que empapa. Es así la vida, una continua despedida; felicidades y gracias por compartir.
Un abrazo.
Isabel.
 
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A mí también se me erizaron los pelillos de la nuca al sentir ese soplo. El tiempo de la partida... ¡qué tristeza!

Y en el aspecto sintáctico, hay un CD que no debe llevar preposición, porque no es persona ni ser animado. Me refiero a esta frase:
"me pinta a la belleza de caduca"
Que me pinta? La belleza. CD , lo pongo en pasiva para cerciorarme: La belleza es pintada, luego estamos seguros de que es complemento directo. La tercera prueba: Lo cambio por el pronombre: me la pinta de caduca. Creo que no hay margen de error.
Interesante poema, amigo Jorge.
Un abrazo.
 
Última edición:
Gracias, querida Isabel, por tu comentario tan amable y solidario. Cada día más la belleza me resulta dolorosa, como aquí he tratado de transmitirlo. La muerte no es de un instante, es algo que nos sopla en la nuca a cada rato...
abrazo
Jorge
 
¡Eratalia! ¡Cuánta alegría me da tu argumentada defensa de la corrección de nuestra lengua! Tanto es así que te daré transitoriamente la razón, dado que no tengo aquí los recursos para fundamentar este uso intransitivo del verbo «pintar», si es que se puede: mi intuición me dice que sí, pero a veces se equivoca, claro.
Muchísimas gracias por tu detallado comentario.
abrazo
Jorge
 
Sentir que cada día
el frío de tu soplo tras mi nuca
congela mi alegría,
mi espíritu machuca,
me pinta la belleza de caduca.


Si indago por la noche
en los inmensos cielos estrellados
me siento ya fantoche
de sueños olvidados,
desvanes de palacio abandonados.

Contando camalotes
que con las mansas aguas se deslizan
del tiempo los azotes
mis cenizas atizan
allí donde esperanzas agonizan.

Si del mar y su espuma
en mi mirada encuentro la cabriola,
ya la inunda la bruma
del soñar que se inmola:
dura certeza en mi novena ola.

Sabor a despedida
me persigue sublime en la belleza,
tiempo de la partida,
futuro que ni empieza,
un último reclamo a mi entereza.

Me quito el sombrero.
Soberbio poema, muy emocionante.
Me gustó de principio a fin.
El verso que comentaba Eratalia ,tiene fácil solución,¿ no?
Me pinta a la belleza de caduca.

Un saludo, junto con mi aplauso merecido por este poema tan extraordinario.
 
Sentir que cada día
el frío de tu soplo tras mi nuca
congela mi alegría,
mi espíritu machuca,
me pinta la belleza de caduca.


Si indago por la noche
en los inmensos cielos estrellados
me siento ya fantoche
de sueños olvidados,
desvanes de palacio abandonados.

Contando camalotes
que con las mansas aguas se deslizan
del tiempo los azotes
mis cenizas atizan
allí donde esperanzas agonizan.

Si del mar y su espuma
en mi mirada encuentro la cabriola,
ya la inunda la bruma
del soñar que se inmola:
dura certeza en mi novena ola.

Sabor a despedida
me persigue sublime en la belleza,
tiempo de la partida,
futuro que ni empieza,
un último reclamo a mi entereza.

Hermosa composición sobre las despedidas. Me encanta el penúltimo verso, creo que define la esencia del poema y la mirada que le has imprimido al tema.
Un abrazo:
Malena.
 
Gracias, querida Lourdes, por tu amable comentario. Las despedidas son especialmente tristes cuando te despides de ti mismo, sin duda.
abrazo
j.
 
Gracias, Luis Adolfo, me alegra que el poema haya sido de tu agrado. En cuanto a la objeción de Eratalia, a la hora de tu comentario yo ya había modificado el texto eliminando la preposición «a», a pesar de que conservo mis dudas al respecto. Mis dudas guardan relación con una sutileza semántica en el uso del verbo pintar: según el diccionario de la RAE el complemento directo de este verbo señala a lo representado, es decir que si dices «pintas el pasto de verde» te refieres a la imagen del pasto en un cuadro; sin embargo, también es posible pintar al mismo pasto de verde (escribo «al» y no «el» a conciencia y porque así me surge). ¿El uso del verbo no distingue de ninguna manera estas dos semánticas? Como ya le dije a Eratalia no tengo conmigo, en este momento, los recursos como para esclarecer el asunto, por eso opté por darle la razón y modificar en consecuencia el poema. Por lo menos diría que la pregunta es interesante, ¿qué opinas?
abrazo
j.
 
Última edición:
¡Eratalia! ¡Cuánta alegría me da tu argumentada defensa de la corrección de nuestra lengua! Tanto es así que te daré transitoriamente la razón, dado que no tengo aquí los recursos para fundamentar este uso intransitivo del verbo «pintar», si es que se puede: mi intuición me dice que sí, pero a veces se equivoca, claro.
Muchísimas gracias por tu detallado comentario.
abrazo
Jorge

El verbo pintar puede ser intransitivo (jejeje, me hace gracia atreverme a discutir contigo :oops:), pero si en este caso hay un objeto directo que es la belleza, actúa como transitivo. ¿No?
Pinta una puerta de verde (Estás pintando algo).
Pintas la belleza de caduca.
¿Qué cosa pintas? Una valla, un cuadro, una puerta o la belleza...
Nunca pintarías al pasto verde, siempre pintaría el pasto verde. Un objeto directo con la preposición a solo se da en caso en que sea una persona o ser animado.
So pena de que tú estés hablando en otro sentido que yo no he alcanzado a entrever.
Esta historia pinta mal (aquí sería intransitivo) la belleza se pinta caduca. Aquí la belleza sería sujeto, tampoco llevaría la preposición… En tu verso el sujeto es “el frío de tu soplo”.
Bueno, si encuentras argumentos para rebatirme estaré encantadísima de leerlos.

Abrazos.
 
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Sentir que cada día
el frío de tu soplo tras mi nuca
congela mi alegría,
mi espíritu machuca,
me pinta la belleza de caduca.

Si indago por la noche
en los inmensos cielos estrellados
me siento ya fantoche
de sueños olvidados,
desvanes de palacio abandonados.

Contando camalotes
que con las mansas aguas se deslizan
del tiempo los azotes
mis cenizas atizan
allí donde esperanzas agonizan.

Si del mar y su espuma
en mi mirada encuentro la cabriola,
ya la inunda la bruma
del soñar que se inmola:
dura certeza en mi novena ola.

Sabor a despedida
me persigue sublime en la belleza,
tiempo de la partida,
futuro que ni empieza,
un último reclamo a mi entereza.
La muerte en tus liras (o tal vez la propia despedida, no lo sé) es ese soplo frío en la nuca que flagela, por cercano, la alegría de nuestro espíritu. El tiempo es su inseparable secuaz, y la predisposición a la tristeza el catalizador quizá de ese hondo pesimismo y de esa desesperanza que manifiestas en tus versos. Duelen los sueños que no se alcanzaron, hermano; duele leer un poema y verse tristemente reflejado. Nos queda el consuelo de ver el universo a través de este don de la poética, donde ni la tristeza puede lograr que lo bello deje de ser bello a nuestros ojos, aunque efímero, y aunque sean inmensas las hipérboles.
Hay detalles que no entiendo, como aquel de la «novena ola», pero reconozco en tu poema unos cuantos y hermosos elementos retóricos, muy bien engarzados, además, en el complejo y exigente hilo formal de la lira. Te cuento que hoy encontré una imagen de una garza solitaria parada sobre un camalote. Se parece mucho a tu poema, lo único que le falta es levantar una pata y decir adiós, jajaja:

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Un abrazo, mi querido amigo, y felicidades por este gran poema.
 
Última edición por un moderador:
Hay una tradición marinera, querido Hermano, que afirma que en las olas que llegan a la playa se da una especie de ciclo en la que la novena es la más grande: en esta tradición basé mi metáfora, con la idea de que las olas nos van llegando hasta que nos llega la novena y definitiva... Gracias por darme la oportunidad de explicarlo. Conocí esta tradición recientemente leyendo el relato de Ernest Shackleton de su expedición al extremo sur 1914-1917, donde cuenta como ocho hombres agotados después de navegar en un barquichuelo ochocientas millas en el inclemente clima del sur, llegan a las islas Georgias y tratan de sacar su bote del agua, aprovechando la «novena ola de Byron». Parece que Byron no escribió nada sobre la novena ola, a pesar de que su abuelo era marino y tiene varias referencias a él en su poesía, pero sí escribieron sobre eso Longfellow y Tennyson.
Aledañas a las orillas de nuestro río Paraná hay grandes lagunas cubiertas de camalotes y otras plantas acuáticas. Cuando hay una gran crecida del Paraná, como sucedió hace poco, estas lagunas desbordan y grandes islotes de camalotes son arrastrados por el gran río. A veces víboras e incluso monos navegan en estos islotes. La garza mora que se ve en la foto que me regalas es un habitante habitual de este enorme delta en el que descanso estos días.
La extrema belleza siempre me ha resultado un poco dolorosa, pero con los años esta sensación se ha acentuado: me volví llorón, jajaja. Creo que esto se debe a esa sensación de despedida que he intentado plasmar en los versos.
un gran abrazo
Jorge
 
Última edición:
Estimada Eratalia: ¿atreverte a discutir conmigo?, ¿qué habrías de temer? Somos dos personas interesadas en los asuntos de la lengua, nada más natural que tengamos algunas diferencias e intercambiemos opiniones, ¿no crees?
En este asunto hasta ahora te he dado la razón, mis dudas se basan por ahora solo en la intuición: mi saber sobre estas cosas es fundamentalmente saber leer, y no tengo en estos días (estoy de vacaciones) acceso a la bibliografía adecuada.
Como le comentaba a Luis Adolfo, hay cierto asunto lógico que sostiene mi duda: si en una acuarela representas un jardín, y pintas en ella el pasto de verde, el complemento directo «el pasto» señala a lo representado en la acuarela; si te acercas al pasto y lo pintas de verde, el complemento directo «lo» representa al pasto, no a su imagen. ¿Hay alguna diferencia en los usos del verbo «pintar» que refleje esta diferencia lógica? No lo sé, pero no me parece imposible ni insensato.
abrazo
j.
 
Efectivamente, estimada Malena, ese último verso resume bastante del contenido del poema. Es especialmente duro partir cuando se va a ninguna parte: de algún lado vienen los distintos mitos y supersticiones acerca de la inmortalidad.
gracias por pasar
abrazo
Jorge
 
Un gran trabajo, Jorge. Difícil las liras para versar.

Te mando un abrazo sin querer entrar en el tema, aunque diré que creo que ambos tenéis razón. Hay verbos transitivos e intransitivos, por lo que creo que ambos os acercáis a la frase por una cara de la moneda, de una moneda buena: el frío de tu soplo tras mi nuca, o la muerte, que equivale a ese (me), me pinta a la belleza de caduca. Si dijera me pinta la belleza de caduca, sería genérico, a toda la belleza; si escribes: me pinta a la belleza de caduca, se dirigiría a mí, a mi belleza, a la que yo veo. Bueno, al final he entrado.
 
Sentir que cada día
el frío de tu soplo tras mi nuca
congela mi alegría,
mi espíritu machuca,
me pinta la belleza de caduca.


Si indago por la noche
en los inmensos cielos estrellados
me siento ya fantoche
de sueños olvidados,
desvanes de palacio abandonados.

Contando camalotes
que con las mansas aguas se deslizan
del tiempo los azotes
mis cenizas atizan
allí donde esperanzas agonizan.

Si del mar y su espuma
en mi mirada encuentro la cabriola,
ya la inunda la bruma
del soñar que se inmola:
dura certeza en mi novena ola.

Sabor a despedida
me persigue sublime en la belleza,
tiempo de la partida,
futuro que ni empieza,
un último reclamo a mi entereza.
Escelentes liras Jorge, esta semana creo que andaremos muy tristes por aquí, jejeje, un abrazo.
 
Estimada Eratalia: ¿atreverte a discutir conmigo?, ¿qué habrías de temer? Somos dos personas interesadas en los asuntos de la lengua, nada más natural que tengamos algunas diferencias e intercambiemos opiniones, ¿no crees?
En este asunto hasta ahora te he dado la razón, mis dudas se basan por ahora solo en la intuición: mi saber sobre estas cosas es fundamentalmente saber leer, y no tengo en estos días (estoy de vacaciones) acceso a la bibliografía adecuada.
Como le comentaba a Luis Adolfo, hay cierto asunto lógico que sostiene mi duda: si en una acuarela representas un jardín, y pintas en ella el pasto de verde, el complemento directo «el pasto» señala a lo representado en la acuarela; si te acercas al pasto y lo pintas de verde, el complemento directo «lo» representa al pasto, no a su imagen. ¿Hay alguna diferencia en los usos del verbo «pintar» que refleje esta diferencia lógica? No lo sé, pero no me parece imposible ni insensato.
abrazo
j.
Musador, tú eres para mí como el decano de la Facultad y yo una profesorilla becaria. Me refiero a eso. Y si me he atrevido esta vez a hacerte la corrección es porque estoy muy segura de lo que digo. Tampoco estoy de acuerdo, en este caso, de lo que dice Evano, aquí lo genérico y lo no genérico no tienen nada que ver. Si te acercas a una puerta y la pintas de verde, directamente, la puerta, como la hierba, siguen siendo objetos directos. O al menos así es como llevo cienes y cienes de años explicándolo en mis clases de lengua.:rolleyes:
No es temor lo que te tengo, mi estimado musador, es respeto a tu caudal de sapiencia (y no va con coña marinera, como alguno podría suponer).
Resumiendo:
Transitivo: Pinto una pared de azul
Intransitivo: Ese asunto no pinta bien. El boli no pinta.
Reflexivo:Me pinto sola para discutir (reflexivo intransitivo) . Me pinto los labios (reflexivo transitivo)

Un abrazo.
 
Última edición:
De acuerdo, estimada Eratalia, en que se trata de un complemento directo, eso de «intransitivo» fue una estupidez que se deslizó desde mi desesperación hasta mi comentario. En cuanto a si es o no pertinente la preposición, estoy acumulando documentación. Lo más interesante, o más adecuado al caso, que encontré por ahora es esto:

«Algunos verbos de creación, como dibujar, esculpir, fotografiar o pintar, admiten dos interpretaciones, según su objeto directo designe la fuente de la que se extrae la imagen (con la preposición a si se trata de nombres de persona) o bien la imagen misma que resulta de la reproducción (sin la preposición): pintar a una niña ~ pintar una niña.»

Así termina el apartado 34.4.2.b del «Manual de la nueva gramática española» de la RAE, accesible en Internet. Me gustó el hecho de que en este caso efectivamente el uso o no de la preposición distingue en la frase si hablas de la imagen o hablas propiamente de la niña, como yo intuía, aunque en verdad en este caso se le quita la preposición al objeto animado, no se le pone al inanimado como era en mi verso. Los apartados 34.3 y 34.4 del citado Manual mencionan varias excepciones a la regla en la que tan justificadamente insistes para el uso de la preposición, te recomiendo su lectura, aunque no pretendo aún haber encontrado fundamento para volver a poner esa preposición donde estaba. Uno de estos casos es el que intuye, creo, Vicente, cuando dices por ejemplo «a esta pared la pintaré de verde, a aquella de azul».

Por ejemplo, esto dice el apartado 34.3.3.e del citado Manual:

«Se suele denominar uso distintivo de la preposición a ante objeto
directo no personal al empleo de la preposición para marcar esta función sintáctica
por oposición a otras, notablemente el sujeto, pero también otros complementos del
verbo. Los predicados en los que se reconoce este valor de modo característico
expresan acciones o situaciones que involucran a varios participantes (no animados
en casi todos los casos), por lo que la preposición se convierte en un recurso grama-
tical que permite distinguir entre ellos. Así ocurre con acompañar (a) la música, con-
tener (a) los polos magnéticos, modificar (a)l primer verbo, comparar (a) la universidad
con una empresa. Por la misma razón (es decir, porque se alude a la presencia de más
participantes), es común la variante con a en las comparaciones: Lo temo como al
fuego; Detesto los domingos, incluso más que (a) los lunes; Conozco a Raúl como a la
palma de mi mano (Mendizábal, Cumpleaños).»

Buscando ejemplos, he visto a un crítico español que hablando de un escritor andaluz dice «...describe a su tierra y el Guadalquivir tiene gran presencia en su obra...», donde el uso de la preposición me parece perfectamente natural.

Yo no soy decano de nada, querida Eratalia, ni siquiera en las matemáticas que son mi oficio. Soy un enamorado de nuestra lengua, eso sí, y trato de apreciar sus sutilezas.

abrazo
j.

Agotados los recursos biblográficos de que dispongo, mi balance del asunto es el siguiente:
basándome en las salvedades que el Manual de gramática que he citado menciona, en sus parágrafos 34.3 y 34.4, para las reglas del uso de la preposición «a» en el complemento directo, no diría que la versión original del verso, que la usaba, era incorrecta. Sin embargo, he encontrado solo un muy leve fundamento para el matiz semántico que quise darle a ese uso, por lo que dejaré el verso sin la preposición.
 
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De acuerdo, estimada Eratalia, en que se trata de un complemento directo, eso de «intransitivo» fue una estupidez que se deslizó desde mi desesperación hasta mi comentario. En cuanto a si es o no pertinente la preposición, estoy acumulando documentación. Lo más interesante, o más adecuado al caso, que encontré por ahora es esto:

«Algunos verbos de creación, como dibujar, esculpir, fotografiar o pintar, admiten dos interpretaciones, según su objeto directo designe la fuente de la que se extrae la imagen (con la preposición a si se trata de nombres de persona) o bien la imagen misma que resulta de la reproducción (sin la preposición): pintar a una niña ~ pintar una niña.»

Así termina el apartado 34.4.2.b del «Manual de la nueva gramática española» de la RAE, accesible en Internet. Me gustó el hecho de que en este caso efectivamente el uso o no de la preposición distingue en la frase si hablas de la imagen o hablas propiamente de la niña, como yo intuía, aunque en verdad en este caso se le quita la preposición al objeto animado, no se le pone al inanimado como era en mi verso. Los apartados 34.3 y 34.4 del citado Manual mencionan varias excepciones a la regla en la que tan justificadamente insistes para el uso de la preposición, te recomiendo su lectura, aunque no pretendo aún haber encontrado fundamento para volver a poner esa preposición donde estaba. Uno de estos casos es el que intuye, creo, Vicente, cuando dices por ejemplo «a esta pared la pintaré de verde, a aquella de azul».

Por ejemplo, esto dice el apartado 34.3.3.e del citado Manual:

«Se suele denominar uso distintivo de la preposición a ante objeto
directo no personal al empleo de la preposición para marcar esta función sintáctica
por oposición a otras, notablemente el sujeto, pero también otros complementos del
verbo. Los predicados en los que se reconoce este valor de modo característico
expresan acciones o situaciones que involucran a varios participantes (no animados
en casi todos los casos), por lo que la preposición se convierte en un recurso grama-
tical que permite distinguir entre ellos. Así ocurre con acompañar (a) la música, con-
tener (a) los polos magnéticos, modificar (a)l primer verbo, comparar (a) la universidad
con una empresa. Por la misma razón (es decir, porque se alude a la presencia de más
participantes), es común la variante con a en las comparaciones: Lo temo como al
fuego; Detesto los domingos, incluso más que (a) los lunes; Conozco a Raúl como a la
palma de mi mano (Mendizábal, Cumpleaños).»

Buscando ejemplos, he visto a un crítico español que hablando de un escritor andaluz dice «...describe a su tierra y el Guadalquivir tiene gran presencia en su obra...», donde el uso de la preposición me parece perfectamente natural.

Yo no soy decano de nada, querida Eratalia, ni siquiera en las matemáticas que son mi oficio. Soy un enamorado de nuestra lengua, eso sí, y trato de apreciar sus sutilezas.

abrazo
j.

Agotados los recursos biblográficos de que dispongo, mi balance del asunto es el siguiente:
basándome en las salvedades que el Manual de gramática que he citado menciona, en sus parágrafos 34.3 y 34.4, para las reglas del uso de la preposición «a» en el complemento directo, no diría que la versión original del verso, que la usaba, era incorrecta. Sin embargo, he encontrado solo un muy leve fundamento para el matiz semántico que quise darle a ese uso, por lo que dejaré el verso sin la preposición.
Pues con eso me vale. ;)
Lo del decanato y la becariedad (¿existirá esa palabra?) era una alegoría, como tú bien sabes.
Un abrazo.
 
Jorge.
Muy difícil resulta eso de mantener la entereza cuando el frío de la despedida azota, cuando sólo existe una verdad tras el final que contempla su entorno y se declara devoto del mismo sin extraños afanes, sólo con la intención de arrancarle algo de belleza, de llevarse algo más en los ojos y la memoria. Me resultaron siempre complicadas las liras, alguna vez las ensayé sin éxito, pero siento que fue una mala percepción mía, luego de leerte van tomando otro matiz.
Encantado de llegar Jorge. Un fuerte abrazo.
 

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