sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las doce ultimas palabras
atragantadas entre su mirada
que se desvanecían entre
cada historia rota
allí donde el adiós se juntaba
con el mañana.
En el compás de los latidos,
en la fuerza de las almas
se lloraban a las doce últimas palabras
en las que en un año nuevo
se caería el tiempo
entre cada huella
que sería el final de un adiós
que llamaba a la verdad
para resucitar a sus mensajes
esos que serían finales
al encontrar la luz
en otro espejo
para saber quien les llamaba,
así hasta congelar al tiempo,
desgranar a la llamada
para frotar sus ojos
en las palabras,
porque eran las doce últimas
así hasta cambiar hacia otro año
que llegaba desde
dónde el ritmo
se empaquetaba
desde la mirada primera
hasta el último destello
de tristeza,
porque cuando llegaron
a dormir al reloj
se paro el tiempo
con las agujas
señalando
el fin de una era
así hasta la muerte
de cada lágrima
envenenada entre
los gritos
de las llamas
y el aplastamiento
de besos
secados
entre la dura realidad
que se encontraba
con el pensamiento
de millones de personas
que rezaban esas últimas frases
para dirigir con su fe
a la triste y descuartizada
noche
entre las tormentas
en las que caían rayos
para secuestrar a la razón
que más se admiraba
pero que no sabrías
si sería la salvación
de un mundo
que penetraba en su adiós
para despedir
a su creación
entre tantas miradas.