Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Hay una margarita afrodisíaca,
con los rasgos inmunes de la sangre,
la fragancia sin nombre de la arena,
y el intacto pudor de la mirada.
Crece en dos direcciones,
como los sinsentidos,
y esconde su calor, como el silencio.
En su piel lleva escrita una metáfora
que no se ve, ni alcanza la poesía.
Le recorre una mano sombría e invisible,
que le roba un temblor, escalofríos.
Se siente encandilada,
su propio sentimiento le ofusca la existencia.