El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
“Esa mujer no te conviene”
le decían los decanos en alcohol del bar.
Él no sabía bailar,
ni arreglar un enchufe.
Ella era experta en quejas.
Le faltaba profundidad,
y a él: una brújula.
Escuchaba música a-convencional pegado al parlante,
acomañaba todos los: tibi daba tibi daba dú
con su voz de lija.
Llego tarde el día después que adelantaban la hora.
Nunca se enteraba de nada,
pensó que ella iba a volver,
todavía la espera.
Ellá falto el día en que la experiencia daba la lección:
“Si vas a tomarte el trabajo de cambiar,
asegurate que sea para mejor”
Midió mal el salto,
con treinta y pico largos,
la temporada de pileta ya pasó
Ahora va sóla por los bares,
Llama a la radio por las noches,
empezó a escuchar también música melancólica,
a beber de más, para hacer interesante la charla acostumbrada.
Comprende que el saber sin práctica no vale casi de nada,
que siempre hay alguien que baila mejor,
que tiene un mejor acomodo,
o que pega bastante más duro.
Que no queda otra, en este mal reparto, que hacer de “uno”.
Desató muchos nudos
y atada a la promesa,
va la mentira.
Un día se volverán a encontrar,
ojalá sea pronto,
La música será totalmente inconveniente para el baile,
beberán lo suficiente para hacerlo abrazados
a la vista y paciencia de todo el mundo.
Y será otra oportunidad de entender
que ella es una persona poco tolerante.
Y él,
un tipo con un grano en la autoestima.
Que están sólos,
que la vida no está al final de una botella vacía,
ni del arco iris,
ni en los programas de radio de trasnoche.
Que no resulta, exigirle mucho al pobre mundo,
ni golpearse el pecho.
Que la vida no es mala ni buena,
no puede serlo,
es lo que hacemos de ella:
tan sólo la vida.
www.elsolyanoeselsol.blogspot.com
le decían los decanos en alcohol del bar.
Él no sabía bailar,
ni arreglar un enchufe.
Ella era experta en quejas.
Le faltaba profundidad,
y a él: una brújula.
Escuchaba música a-convencional pegado al parlante,
acomañaba todos los: tibi daba tibi daba dú
con su voz de lija.
Llego tarde el día después que adelantaban la hora.
Nunca se enteraba de nada,
pensó que ella iba a volver,
todavía la espera.
Ellá falto el día en que la experiencia daba la lección:
“Si vas a tomarte el trabajo de cambiar,
asegurate que sea para mejor”
Midió mal el salto,
con treinta y pico largos,
la temporada de pileta ya pasó
Ahora va sóla por los bares,
Llama a la radio por las noches,
empezó a escuchar también música melancólica,
a beber de más, para hacer interesante la charla acostumbrada.
Comprende que el saber sin práctica no vale casi de nada,
que siempre hay alguien que baila mejor,
que tiene un mejor acomodo,
o que pega bastante más duro.
Que no queda otra, en este mal reparto, que hacer de “uno”.
Desató muchos nudos
y atada a la promesa,
va la mentira.
Un día se volverán a encontrar,
ojalá sea pronto,
La música será totalmente inconveniente para el baile,
beberán lo suficiente para hacerlo abrazados
a la vista y paciencia de todo el mundo.
Y será otra oportunidad de entender
que ella es una persona poco tolerante.
Y él,
un tipo con un grano en la autoestima.
Que están sólos,
que la vida no está al final de una botella vacía,
ni del arco iris,
ni en los programas de radio de trasnoche.
Que no resulta, exigirle mucho al pobre mundo,
ni golpearse el pecho.
Que la vida no es mala ni buena,
no puede serlo,
es lo que hacemos de ella:
tan sólo la vida.
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