karlos calisto
Poeta recién llegado
Las jornadas de Agustina.
Pensaré antes de salir, qué pensaré de camino;
mis manos son Apuñaladas
y se agita la vela tenue en mi pecho.
Soy el loto que sobrevivió al rocío, y quedó solo
en la tiranía de la marea.
Los niños quedan a bordo de la barca de angustia,
¡salid a ver el sol!
-los cuervos que devoran las rosas-
Sientan desde la ventana, hay aromas
de invierno y verano en el aire.
Vean sus ojos viborear ante la escena
¡Nada se compara a la indignación de una pupila joven!
vale más que la catequesis,
Que aprender las verborreas, el bla, bla de la ignorancia.
Me invitan a descansar
los montones de hierba en el camino,
se enamoran de mis suspiros,
-bendita confidencia,
mi sol decadente, que decoras tus dominios
para mis pies-
Durante noviembre te visité
para llorarte mis versos,
para ofrendarte mis hijos
por favor no seques el sendero donde fallecen mis días,
que sus aguas lavan mi clamor y la brisa
que se enreda en mis piernas me purifica para ti.
Carlos Calisto Figueroa
Valdivia
08/04/2010
Pensaré antes de salir, qué pensaré de camino;
mis manos son Apuñaladas
y se agita la vela tenue en mi pecho.
Soy el loto que sobrevivió al rocío, y quedó solo
en la tiranía de la marea.
Los niños quedan a bordo de la barca de angustia,
¡salid a ver el sol!
-los cuervos que devoran las rosas-
Sientan desde la ventana, hay aromas
de invierno y verano en el aire.
Vean sus ojos viborear ante la escena
¡Nada se compara a la indignación de una pupila joven!
vale más que la catequesis,
Que aprender las verborreas, el bla, bla de la ignorancia.
Me invitan a descansar
los montones de hierba en el camino,
se enamoran de mis suspiros,
-bendita confidencia,
mi sol decadente, que decoras tus dominios
para mis pies-
Durante noviembre te visité
para llorarte mis versos,
para ofrendarte mis hijos
por favor no seques el sendero donde fallecen mis días,
que sus aguas lavan mi clamor y la brisa
que se enreda en mis piernas me purifica para ti.
Carlos Calisto Figueroa
Valdivia
08/04/2010