Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las llaves de la ciudad
no abren ninguna puerta,
meramente decorativas
son una estafa, una burla, un desatino
para el hijo predilecto
que regresa hoy sin casa,
sin lugar donde esconder
las ausencias de esos años
los rodeos necesarios
para no encontrarse nada.
Las llaves de la ciudad
cuelgan del techo de un hilo
como espada de Damocles,
que exige más que ofrece
que calla más que dice,
que se oxida lentamente
entre los pliegues de sábanas
y las articulaciones,
sin miradas que la avalen
sin cerraduras que la disculpen.