Puto Danielo
Poeta recién llegado
La estrella que me vió nacer se esta apagando
y yo sigo curvado por las directrices del sendero
con esta cruz que no es mía, pero estoy llevando
sin cobijo, ni luces de lucero.
No me está permitido mirar atrás, porque no vale la pena
amontonando interrogantes, alejado del calor de la candela
que solo es fuego y lo destruye todo, menos el dolor
avivado por la llama de la ira, que enciende tu rencor.
Y la niebla ocultará un destino, tan cambiante como incierto
la gélida brisa, disipará mi porvenir abocado al desencuentro
con el, los finos hilos que me unían a la felicidad de un momento
conmovido por el sabor del tiempo que estuve despierto.
Enfangado hasta las rodillas en el pantano de lo irreal
el efímero sueño de la cordura me lleva dos vidas de ventaja
sabiendo que no está mi carta entre la baraja
renunciando al resto de lo vivido por ese color tan especial.
La transparencia de las miradas pasa desapercibida
si por los ojos amor no se respira y se desunen los lazos
matizando un invierno de mil años, que nos convertirá en piedra
para quedar lapidado después de lo sufrido, lejos de tus brazos.
Por querer correr tanto, me deje atrás el futuro
condenado a no tener prisa por arreglar el pasado
levantando entre nosotros con mentiras y piedras un muro
que no podremos destruir siendo simples humanos.
Es la condena de un loco enamorado que te siguió hasta el final
el derroche de fuerzas que cometí con cada caricia
atragantado en la tráquea del infierno, en el que me espera más mal
por tener siempre, las manos vacías.
y yo sigo curvado por las directrices del sendero
con esta cruz que no es mía, pero estoy llevando
sin cobijo, ni luces de lucero.
No me está permitido mirar atrás, porque no vale la pena
amontonando interrogantes, alejado del calor de la candela
que solo es fuego y lo destruye todo, menos el dolor
avivado por la llama de la ira, que enciende tu rencor.
Y la niebla ocultará un destino, tan cambiante como incierto
la gélida brisa, disipará mi porvenir abocado al desencuentro
con el, los finos hilos que me unían a la felicidad de un momento
conmovido por el sabor del tiempo que estuve despierto.
Enfangado hasta las rodillas en el pantano de lo irreal
el efímero sueño de la cordura me lleva dos vidas de ventaja
sabiendo que no está mi carta entre la baraja
renunciando al resto de lo vivido por ese color tan especial.
La transparencia de las miradas pasa desapercibida
si por los ojos amor no se respira y se desunen los lazos
matizando un invierno de mil años, que nos convertirá en piedra
para quedar lapidado después de lo sufrido, lejos de tus brazos.
Por querer correr tanto, me deje atrás el futuro
condenado a no tener prisa por arreglar el pasado
levantando entre nosotros con mentiras y piedras un muro
que no podremos destruir siendo simples humanos.
Es la condena de un loco enamorado que te siguió hasta el final
el derroche de fuerzas que cometí con cada caricia
atragantado en la tráquea del infierno, en el que me espera más mal
por tener siempre, las manos vacías.