Alfonso J Paredes
Poeta recién llegado
Qué milongas ni mirindas,
dice uno afamado por hablar con un burro,
que él,no es él, en primera persona
¡Si el supiera quien soy yo! seguro que sería él.
Así yo no sería yo ni él sería él.
Aun así, debía ser él pues se lo decían las estrellas,
anunciando la primavera que se volvían esparigüelas,
debía ser de Zorita, allí sí que hay burros
al norti de la provincia de Huerva.
¿Pues no decía que era ese que iba a su lado?
Para mí que estaba chalado
desde que hablaba con un burro
que se había inventado.
Qué correveidiles ni carriles decires ni diretes,
que, a veces, se olvida en primera persona
y es que eso de hablar con un burro,
aunque tenga nombre, no debe ser bueno.
Por lo que he podido leer, estaba con un loro,
con el burro y el que no era él
en el huerto de un amigo jugando.
Se preguntaba el gañán
que ¿Dónde cantan los pájaros?
A mí no me engaña, aunque no sea yo,
sino ese que iba a su lado.
Que dijo Diego lo que Diego dijo,
que con un perro sarnoso que siempre andaba huido,
que hasta los mismos perros
le enseñaban los colmillos.
Además, era rico
con sus joyas policromas
tras los cristales amarillos,
que con ellas a un aljibe había bajado
él, el burro, las joyas y yo.
Qué chuflas ni cuchufladas,
yo siempre lo he dicho
que leer puede ser muchas cosas,
mientras que sean libros.
Yo lo había leído que en un arranque de mal corazón,
con la escopeta había salido.
Termino estas milongas ni mirindas
diciendo que, leyendo, aunque sea a un burro,
por leer nunca te rindas.
Sin pretenderlo, pero con mucha intención
acabando estos versos,
te pregunto de corazón:
¿Quién era el que hablaba con un burro?,
¿era él o era yo?
Poem and Rhápsody © 2022
La fina piel de la cáscara
Alfonso J Paredes
CEDRO