LAS TORRES CUADRANGULARES
Un teorema de cítaras y silencios
aglutina los dardos enardecidos del ocaso que declina
Calla la fuente y tu frente se hace noche.
Una gaviota explora los signos de interrogación
El mar como plata líquida
o funesta metáfora de tanto llanto en silencio.
Hagámonos como flores y caigamos
tal que mortales entre la lluvia floral
que nunca desbordará ternuras.
Tu mano tan blanca amor
tu mano que no empuñará el puñal que acabará con mi vida
Pero sí tus ojos líquidos de mirar irreverente
Tus ojos de ron y acíbar
resplandecientes venenos que adormecen mis pecados
Y mientras se esparce el humo de las poesías frustradas
como niebla pudorosa que oculta la feroz coyunda
de los lagartos sobre el prado.
Ah, las torres cuadrangulares y sus misterios de óxido
Defienden en implacable concierto
la ciudad que pregona sus miserias tras los muros
Bajan en lustral torrente las aguas tersas
pretendiendo una purificación deificante de los milagros fallidos.
Ah, las torres cuadrangulares de la ciudad del vacío
Dshojadas sus columnas quedan apenas mariposas
clavadas en sus corchos como ojos cegados por la arena.
Pórticos y mausoleos epifanías de viejos juglares
las plazas como símbolos ofrecen sus pavimentos
para capas pluviales de los nobles.
Los tímpanos de los arcos huecos
como inaudible resonancia del aleteo del ave que agoniza
o de la escritura infinita con alfabetos clausurados
tímpanos colmatados por la luz que todo inunda
óculos que acogen toda mirada de ciego.
Ah, las viejas torres cuadrangulares y las plazas en escorzo...
Ilust.: Giorgio de Chirico. “Piazza d'Italia” 1913
Un teorema de cítaras y silencios
aglutina los dardos enardecidos del ocaso que declina
Calla la fuente y tu frente se hace noche.
Una gaviota explora los signos de interrogación
El mar como plata líquida
o funesta metáfora de tanto llanto en silencio.
Hagámonos como flores y caigamos
tal que mortales entre la lluvia floral
que nunca desbordará ternuras.
Tu mano tan blanca amor
tu mano que no empuñará el puñal que acabará con mi vida
Pero sí tus ojos líquidos de mirar irreverente
Tus ojos de ron y acíbar
resplandecientes venenos que adormecen mis pecados
Y mientras se esparce el humo de las poesías frustradas
como niebla pudorosa que oculta la feroz coyunda
de los lagartos sobre el prado.
Ah, las torres cuadrangulares y sus misterios de óxido
Defienden en implacable concierto
la ciudad que pregona sus miserias tras los muros
Bajan en lustral torrente las aguas tersas
pretendiendo una purificación deificante de los milagros fallidos.
Ah, las torres cuadrangulares de la ciudad del vacío
Dshojadas sus columnas quedan apenas mariposas
clavadas en sus corchos como ojos cegados por la arena.
Pórticos y mausoleos epifanías de viejos juglares
las plazas como símbolos ofrecen sus pavimentos
para capas pluviales de los nobles.
Los tímpanos de los arcos huecos
como inaudible resonancia del aleteo del ave que agoniza
o de la escritura infinita con alfabetos clausurados
tímpanos colmatados por la luz que todo inunda
óculos que acogen toda mirada de ciego.
Ah, las viejas torres cuadrangulares y las plazas en escorzo...
Ilust.: Giorgio de Chirico. “Piazza d'Italia” 1913
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