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Su tono rosáceo asoma en las puntas
el próximo viaje.
El tronco que le da vida
augura que ya es hora.
Sin dolor alguno,
bajo el sonido de la mirada del cielo
cae
l
t
a
t
en una danza holística
y sabia,
guiada por el viento
orquestando su destino.
Así,
la tierra la recibe.
En un ciclo de olores silenciosos,
de premisas invernales
que guardan el sudor del presente.
¡Tan perfecta es la primicia!
Al abrigo del sol, .
alcanzando su máximo trazo;
en los ríos que nacen
las erguidas montañas,
una ventana de lluvia,
el hombro de un deseo,
una arruga del cemento,
hasta ser trama
de una alfombra,
que clama ser parque.
Simplemente Ella,
esa hoja ahora transeúnte,
que nos avista con su ojo memorable…