Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
pueden ser como vientos níveos duros ingratos
alquilando guadañas por momentos años o siglos
robando el aire todo
desmembrando cuerpos y aldeas y civilizaciones
o abriendo con saña cicatrices a la tierra
y cubriéndola de palabras perdidas y sepulcros
pero nada está escrito cuando al nacer
diminutas dirigen como un director de orquesta
enloquecido un réquiem dodecafónico
por la líquida felicidad perdida o son frágiles alas
posándose en la geografía voluptuosa de la madre
o pequeños imanes que se adhieren
como un sucedáneo de juguete al índice
y crecen riéndose entrelazadas
a la concavidad de terciopelo y nácar
que las guía o sueñan acunadas
por los latidos del corazón cuentos y otras vidas
húmedas y terribles pueden golpear puertas
en noches de niebla y guardar mefíticas claves
que intentarán usurpar tu nombre
o como flechas de sal abrir surcos en la piel
y devorar los ojos o llegar a ser cuencos desnudos
vacíos como cadáveres malgastados esperando
inútilmente la llegada del alba
pero son más-aunque finitas y mudas-
las que abarcan el mundo y lo atesoran
y las que comparten vida y en ella se confirman
y tocan cuanto aman y se alzan al cielo
proclamándolo porque encierran besos y sin cesar
buscan rostros y del pecho su latido o ríen
y se estremecen entre el luminoso cabello y en lo alto
deslumbran como mariposas o vienen volando
como pájaros o crecen multicolores y pueblan
estaciones de veranos extensos moviéndose
suavemente en la atmósfera de las pieles
o gimiendo de dicha cuando se funden
con la espuma del mar y porque son hijas
de la harina y del cielo las que al alzarse tocan la luna
del eco de una escoria o de una materia muerta
pueden ser el receptáculo pero también la esperanza
del mensaje remoto que sellaron en las olas unos labios
y si baratas y obreras o encadenadas al hambre
los obuses al cerrarse apuntando hacia las hienas
alquilando guadañas por momentos años o siglos
robando el aire todo
desmembrando cuerpos y aldeas y civilizaciones
o abriendo con saña cicatrices a la tierra
y cubriéndola de palabras perdidas y sepulcros
pero nada está escrito cuando al nacer
diminutas dirigen como un director de orquesta
enloquecido un réquiem dodecafónico
por la líquida felicidad perdida o son frágiles alas
posándose en la geografía voluptuosa de la madre
o pequeños imanes que se adhieren
como un sucedáneo de juguete al índice
y crecen riéndose entrelazadas
a la concavidad de terciopelo y nácar
que las guía o sueñan acunadas
por los latidos del corazón cuentos y otras vidas
húmedas y terribles pueden golpear puertas
en noches de niebla y guardar mefíticas claves
que intentarán usurpar tu nombre
o como flechas de sal abrir surcos en la piel
y devorar los ojos o llegar a ser cuencos desnudos
vacíos como cadáveres malgastados esperando
inútilmente la llegada del alba
pero son más-aunque finitas y mudas-
las que abarcan el mundo y lo atesoran
y las que comparten vida y en ella se confirman
y tocan cuanto aman y se alzan al cielo
proclamándolo porque encierran besos y sin cesar
buscan rostros y del pecho su latido o ríen
y se estremecen entre el luminoso cabello y en lo alto
deslumbran como mariposas o vienen volando
como pájaros o crecen multicolores y pueblan
estaciones de veranos extensos moviéndose
suavemente en la atmósfera de las pieles
o gimiendo de dicha cuando se funden
con la espuma del mar y porque son hijas
de la harina y del cielo las que al alzarse tocan la luna
del eco de una escoria o de una materia muerta
pueden ser el receptáculo pero también la esperanza
del mensaje remoto que sellaron en las olas unos labios
y si baratas y obreras o encadenadas al hambre
los obuses al cerrarse apuntando hacia las hienas
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