C.Quimerico_Tortosa
Poeta recién llegado
La luz de la tarde, que ya se apagaba, jugaba con el humo de la estancia creando caprichosas formas. Aquellas fumaradas parecían pensamientos únicos e irrepetibles que se exhalaban hacia un sosegado vacío. Miró al techo y tras un breve devaneo con las musarañas, se enfrascó de nuevo en su lectura. Cuando la luz se hizo insuficiente para distinguir con claridad los signos, dobló la esquina superior de la página y cerró el libro. Había consumido otra jornada, pero lejos de la tristeza.
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