De tu fiebre a mis lindes
no cabe ni la voz en la que regresamos.
La sombra ha decidido ser de agua
precipitándose en la sed del cuerpo.
Si en un descuido de mi carne digo
cualquier palabra ajena a nuestras voluntades,
cierra otra vez las grietas del placer
en una trasparencia que me moje,
que me impida decir incluso que te quiero,
porque el lenguaje orgánico
de un diluvio quebrado en el significado de la sangre
no acepta que un intruso la atraviese
y llegue hasta los ecos del espíritu.
no cabe ni la voz en la que regresamos.
La sombra ha decidido ser de agua
precipitándose en la sed del cuerpo.
Si en un descuido de mi carne digo
cualquier palabra ajena a nuestras voluntades,
cierra otra vez las grietas del placer
en una trasparencia que me moje,
que me impida decir incluso que te quiero,
porque el lenguaje orgánico
de un diluvio quebrado en el significado de la sangre
no acepta que un intruso la atraviese
y llegue hasta los ecos del espíritu.