Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
Venenosa calma que me llama
clavel del mundo cuando pueda
trazar un abrazo que circule
las penínsulas del bronce extirpado.
El guillotinado pellizco de la sangre padece
una virtuosa oportunidad
y es el tendón de los días tempranos con el
salitre del viento humoso
clamor del brío como
vuelo de gaviota
suspendida entre corrientes.
El que rompe abanicos
de disimulo ventanal
y en ese limbo triunfar
con arrojo la merecida recompensa que mantenía
equilibrios con la parca
esquivada en el sótano
húmedo de la lírica.
Llena el mar de olvido.
Platino de brillo en ojo.
Girando como un disco
canciones de harapo
hilvanado
exprimido como gajos
de una mandarina abierta
Yo disipo mi suerte,
la mala suerte, con versos
de gasa limpia.
En el coágulo de los tronos
no hay hemofilia que disuelva el azul de los
reinados,
de pulcras metáforas
venidas a menos.
Se saben desde siempre
herederos del sangrado
de los pueblos.
Y de sus
Levantamientos.
clavel del mundo cuando pueda
trazar un abrazo que circule
las penínsulas del bronce extirpado.
El guillotinado pellizco de la sangre padece
una virtuosa oportunidad
y es el tendón de los días tempranos con el
salitre del viento humoso
clamor del brío como
vuelo de gaviota
suspendida entre corrientes.
El que rompe abanicos
de disimulo ventanal
y en ese limbo triunfar
con arrojo la merecida recompensa que mantenía
equilibrios con la parca
esquivada en el sótano
húmedo de la lírica.
Llena el mar de olvido.
Platino de brillo en ojo.
Girando como un disco
canciones de harapo
hilvanado
exprimido como gajos
de una mandarina abierta
Yo disipo mi suerte,
la mala suerte, con versos
de gasa limpia.
En el coágulo de los tronos
no hay hemofilia que disuelva el azul de los
reinados,
de pulcras metáforas
venidas a menos.
Se saben desde siempre
herederos del sangrado
de los pueblos.
Y de sus
Levantamientos.
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