Maru Raygada
Poeta recién llegado
Trataba de escapar, pero no podía. Su mirada penetrante invadía mi ser, intenté voltear, pero ya era tarde, su aroma hipnotizante había inmovilizado mi cuerpo.
Lo vi a los ojos y ahí estaba él, parado en esa forma tan retadora, pero cuando las miradas se cruzaron todo cambió, su expresión agresiva se volvió la más tierna.
Aún así, nada me iba a hacer cambiar de opinión.
Poco a poco fui retrocediendo, alejándome cada vez más hasta no sentir su aroma, su presencia.
Volteé la cara hasta al fin poder librarme de su
hostil mirada.
Encendí un cigarrillo y seguí mi camino como si
nada hubiera pasado. No me atreví a voltear a ver si él seguía ahí. Temía que un solo segundo bastara para hacerme dudar.
Lo único que me mantenía tranquila era la seguridad de saber que él no me seguía.
Antes nunca lo hizo, esta vez no sería diferente.
A lo lejos todavía podía escuchar su voz, sus
gritos.
Por fin pude respirar tranquila y una leve sonrisa se asomó por mis labios al darme cuenta que me había librado para siempre de un mal innecesario y que nada bueno traía.
Miré hacia el horizonte, apagué mi cigarrillo y respiré profundamente el aroma de la libertad.
Lo vi a los ojos y ahí estaba él, parado en esa forma tan retadora, pero cuando las miradas se cruzaron todo cambió, su expresión agresiva se volvió la más tierna.
Aún así, nada me iba a hacer cambiar de opinión.
Poco a poco fui retrocediendo, alejándome cada vez más hasta no sentir su aroma, su presencia.
Volteé la cara hasta al fin poder librarme de su
hostil mirada.
Encendí un cigarrillo y seguí mi camino como si
nada hubiera pasado. No me atreví a voltear a ver si él seguía ahí. Temía que un solo segundo bastara para hacerme dudar.
Lo único que me mantenía tranquila era la seguridad de saber que él no me seguía.
Antes nunca lo hizo, esta vez no sería diferente.
A lo lejos todavía podía escuchar su voz, sus
gritos.
Por fin pude respirar tranquila y una leve sonrisa se asomó por mis labios al darme cuenta que me había librado para siempre de un mal innecesario y que nada bueno traía.
Miré hacia el horizonte, apagué mi cigarrillo y respiré profundamente el aroma de la libertad.