Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te fuiste. ¡Por fin!
¡Oxígeno a mis versos!
Venus contradictoria
recóndita y voraz.
Rival encarnizada
de mi musa simplista,
ansiosa, arrinconada;
pasión que me ilumina
el numen con su estrella,
esa, que tu cancel
pugnaba obnubilar.
Te fuiste. ¡Por fin!
Mis yemas anhelosas,
escribas de mi espíritu,
palpan la forestal
sumisión del papel.
¡Se crispan, se agazapan!
y transcriben sedientas,
la invisible escritura
de noctámbulo apunte,
realizado en secreto
con pigmento lunar.
Te fuiste. ¡Por fin!
Celosa de mi aliento,
mi espacio y mis dos alas.
¿Te fuiste? O allí estás,
oculta en la penumbra
de tu obsesión umbría,
ensayando un te amo
que no ama más que a ti.
Pero ya no me importas;
¡es que mi musa tañe
su acorde liberal!
¡Oxígeno a mis versos!
Venus contradictoria
recóndita y voraz.
Rival encarnizada
de mi musa simplista,
ansiosa, arrinconada;
pasión que me ilumina
el numen con su estrella,
esa, que tu cancel
pugnaba obnubilar.
Te fuiste. ¡Por fin!
Mis yemas anhelosas,
escribas de mi espíritu,
palpan la forestal
sumisión del papel.
¡Se crispan, se agazapan!
y transcriben sedientas,
la invisible escritura
de noctámbulo apunte,
realizado en secreto
con pigmento lunar.
Te fuiste. ¡Por fin!
Celosa de mi aliento,
mi espacio y mis dos alas.
¿Te fuiste? O allí estás,
oculta en la penumbra
de tu obsesión umbría,
ensayando un te amo
que no ama más que a ti.
Pero ya no me importas;
¡es que mi musa tañe
su acorde liberal!
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