Carrlos Yescas
Poeta recién llegado
Solo tres colores en el espectro
que impresionan la vida,
para respirar lo poco que se puede hacer
por ese amor partido, inevitable
y de cadencia simple, profunda.
Tres colores, y ese rayo de luz retrospectíva,
de líneas mínimas y viejas,
obsesionada con la embriaguez del lienzo desnudo,
de una voz repetida y sin eco,
de una voz inofensiva del pincel tenso,
del pincel controversial y explosivo.
Tres colores que se propagan como epidemia
por las calles, que tropiezan con el odio,
que corrompen los cuartos de hotel
y las escenas que ocurren en ellos;
solo tres colores en las lejanas
oscuridades del iris:
el amarillo de mi bigote de alquitrán,
el gris de tu frente
y el violáceo color de nuestros párpados.
¿Qué más le puedes pedir a un bueno para nada
que no sabe más que contar hasta tres
y pintar agonías con letras?
Escrito por Carlos Yescas Alvarado, en tres pinceladas.
que impresionan la vida,
para respirar lo poco que se puede hacer
por ese amor partido, inevitable
y de cadencia simple, profunda.
Tres colores, y ese rayo de luz retrospectíva,
de líneas mínimas y viejas,
obsesionada con la embriaguez del lienzo desnudo,
de una voz repetida y sin eco,
de una voz inofensiva del pincel tenso,
del pincel controversial y explosivo.
Tres colores que se propagan como epidemia
por las calles, que tropiezan con el odio,
que corrompen los cuartos de hotel
y las escenas que ocurren en ellos;
solo tres colores en las lejanas
oscuridades del iris:
el amarillo de mi bigote de alquitrán,
el gris de tu frente
y el violáceo color de nuestros párpados.
¿Qué más le puedes pedir a un bueno para nada
que no sabe más que contar hasta tres
y pintar agonías con letras?
Escrito por Carlos Yescas Alvarado, en tres pinceladas.