El límite de las palabras
se extiende, cuando están calladas.
Latente suena más grande su heroicidad;
en condena eterna por pasar
de un roce arañando los sentimientos;
otras en lo inmortal como su huella.
Mal usado, y atrofiado, se conforma
como pintarse desnudez,
punto por punto se queda inerte,
varado en el polvo de su muerte.
No encontré ningún límite ausente.
A veces inexpresivo por su condena
inevitable a sondar su propio
caminar haciéndose retraso.
Y siempre menos capaz que
la sensibilidad de mi envergadura
alzándose para gritarme a mí mis sentimientos.
Tantas palabras y ninguna encajaba
en el hueco que las alumbraba,
tantas y tantas dilatadas
como la anchura de la muerte,
alargada en sus límites;
como mis sentimientos la luz,
y ellas, la unicidad de un espejo,
abarcando su amplitud.
Frustrado, al fin encontré
que la mejor de las palabras
era una flor: nomeolvides.
se extiende, cuando están calladas.
Latente suena más grande su heroicidad;
en condena eterna por pasar
de un roce arañando los sentimientos;
otras en lo inmortal como su huella.
Mal usado, y atrofiado, se conforma
como pintarse desnudez,
punto por punto se queda inerte,
varado en el polvo de su muerte.
No encontré ningún límite ausente.
A veces inexpresivo por su condena
inevitable a sondar su propio
caminar haciéndose retraso.
Y siempre menos capaz que
la sensibilidad de mi envergadura
alzándose para gritarme a mí mis sentimientos.
Tantas palabras y ninguna encajaba
en el hueco que las alumbraba,
tantas y tantas dilatadas
como la anchura de la muerte,
alargada en sus límites;
como mis sentimientos la luz,
y ellas, la unicidad de un espejo,
abarcando su amplitud.
Frustrado, al fin encontré
que la mejor de las palabras
era una flor: nomeolvides.