Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
L.A.C
Dedicado a Amparo Cifuentes
(Empresaria)
En estos tiempos que corren,
y a mi edad,
he hecho un curso de limpieza
para aprende a limpiar.
Después de treinta años
de vida laboral,
resulta que del paño,
de experto… na de na.
La jefa se llama Amparo,
la calle del Picayo,
y allá en lo de Quart,
no he visto un sitio más helado,
pues en Silla y Consulado
en calor no hay nada igual.
El uno se llama Antonio,
el otro Bernardo;
Mari Tere la morena,
Mari Carmen… ¡qué faena!,
y Miguel que es como un nardo,
a José que ya nos rueda
está de Alan a la izquierda,
junto al compi lord Ricardo.
Ana se me olvida,
Marta no es María,
y Ramona es fierecilla,
con su pelo mantequilla
de colores adornado.
¿Y los profes?
Los profes buena gente,
que te enseñan lo que coges
si lo coges bien de frente,
y la máquina fulano
se estropea por el vientre.
Nombro a Carlos,
el terror de los mil pollos
que en avant te pita falta;
si no atiendes al citarlos,
y no sabes enrollarlos…
Si la sueltas, va y te salta.
La manguera no la sueltes… ¡Refregallos!
Y es Juan Pedro como el árbitro.
Aunque Carlos fuera el Rey,
Juan Pedro es la Ley,
que te enseña la tarea
y te quiere convencer,
que el trabajo se ha de hacer…
Cuando viene: “¡leña y leña!”
No creáis que me excedido,
el baño era de ver;
yo en aquel oscuro cuarto
no veía ni un ladrillo,
y terminé del polvo tanto harto,
que a la hora de almorzar,
me expurgué todo aquel caldo
y el almuerzo no almorcé.
Falta alguien, falta Bea,
la musa en las maneras;
la guía que Dantesca
aparece toda fresca;
te sorprende, no la esperas,
y en el aire dando vueltas
ya nos bailan las centellas;
la varita de su magia
echa el polvo a las estrellas.
¡Ay Paco!, que se te va la boca,
y la tela de la araña,
al limpiarla a toda caña,
en la pluma ya es la loca;
que los polvos, si los tocas,
se disuelven con la maña.
La palanca con que muevas,
si acertada por lo nueva
es aroma en las mañanas…
Son las pruebas, y las prácticas.
De Mercedes y Ricardo
¡qué decir!
Son sencillos y valientes,
comprensivos corolarios,
son la vida y el vivir;
si el discurso es atenerse,
en labor todo espartano
va a morir.
¡Que olvido una?
Se llama Pilar,
que me espera
y ya no es pera,
es manzana sonrosada,
¿compañero, compañera?
Chi lo sa.
Dadme tiempo,
dadme tiempo,
y os enseñaré el mundo
y sus horas;
y los tiempos que no ves,
pero que lloran.
Detrás de los ocasos,
delante en las auroras;
en las tinieblas
y desamparos…
Amparo ahora,
amparo faena,
amparo en el amo,
amparo es la diosa;
amparo la tierra,
amparo pangea…
Yo soy la mano,
la mano labriega.
(Empresaria)
En estos tiempos que corren,
y a mi edad,
he hecho un curso de limpieza
para aprende a limpiar.
Después de treinta años
de vida laboral,
resulta que del paño,
de experto… na de na.
La jefa se llama Amparo,
la calle del Picayo,
y allá en lo de Quart,
no he visto un sitio más helado,
pues en Silla y Consulado
en calor no hay nada igual.
El uno se llama Antonio,
el otro Bernardo;
Mari Tere la morena,
Mari Carmen… ¡qué faena!,
y Miguel que es como un nardo,
a José que ya nos rueda
está de Alan a la izquierda,
junto al compi lord Ricardo.
Ana se me olvida,
Marta no es María,
y Ramona es fierecilla,
con su pelo mantequilla
de colores adornado.
¿Y los profes?
Los profes buena gente,
que te enseñan lo que coges
si lo coges bien de frente,
y la máquina fulano
se estropea por el vientre.
Nombro a Carlos,
el terror de los mil pollos
que en avant te pita falta;
si no atiendes al citarlos,
y no sabes enrollarlos…
Si la sueltas, va y te salta.
La manguera no la sueltes… ¡Refregallos!
Y es Juan Pedro como el árbitro.
Aunque Carlos fuera el Rey,
Juan Pedro es la Ley,
que te enseña la tarea
y te quiere convencer,
que el trabajo se ha de hacer…
Cuando viene: “¡leña y leña!”
No creáis que me excedido,
el baño era de ver;
yo en aquel oscuro cuarto
no veía ni un ladrillo,
y terminé del polvo tanto harto,
que a la hora de almorzar,
me expurgué todo aquel caldo
y el almuerzo no almorcé.
Falta alguien, falta Bea,
la musa en las maneras;
la guía que Dantesca
aparece toda fresca;
te sorprende, no la esperas,
y en el aire dando vueltas
ya nos bailan las centellas;
la varita de su magia
echa el polvo a las estrellas.
¡Ay Paco!, que se te va la boca,
y la tela de la araña,
al limpiarla a toda caña,
en la pluma ya es la loca;
que los polvos, si los tocas,
se disuelven con la maña.
La palanca con que muevas,
si acertada por lo nueva
es aroma en las mañanas…
Son las pruebas, y las prácticas.
De Mercedes y Ricardo
¡qué decir!
Son sencillos y valientes,
comprensivos corolarios,
son la vida y el vivir;
si el discurso es atenerse,
en labor todo espartano
va a morir.
¡Que olvido una?
Se llama Pilar,
que me espera
y ya no es pera,
es manzana sonrosada,
¿compañero, compañera?
Chi lo sa.
Dadme tiempo,
dadme tiempo,
y os enseñaré el mundo
y sus horas;
y los tiempos que no ves,
pero que lloran.
Detrás de los ocasos,
delante en las auroras;
en las tinieblas
y desamparos…
Amparo ahora,
amparo faena,
amparo en el amo,
amparo es la diosa;
amparo la tierra,
amparo pangea…
Yo soy la mano,
la mano labriega.
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