lesmo
Poeta veterano en el portal
Liras de un desengaño
Yo tuve el corazón
perdido por un bosque de repente
detrás de una emoción
altísima y urgente
a todo lo demás indiferente.
Allí, bajo la Luna,
amé, y el corazón de rama en rama,
en la noche oportuna
creyó que era una cama
un banco en un rincón de entre la trama.
Y así, de enamorado,
no quise en ese tiempo comprender
que estaba condenado
a mucho padecer
tan solo por un nombre de mujer.
Sintiendo la locura
de las pasiones, como de un chiquillo,
viviera a la aventura
y no pensé el cuchillo
que me esperaba, preso de ese grillo.
Busqué placentería,
jadeante entre besos y caricias,
y en el final del día
las encontré propicias
entre las más novísimas albricias.
Así, durante un año,
miré solo los labios que besaba
no presagiando el daño
que enorme me aguardaba
en tanto más y más me enamoraba.
Dejé casa y fortuna,
pensé que lo demás ya no era nada,
y allí bajo la Luna
perdía la mirada
por unos ojos verdes de la amada.
No supe presagiar
lo fuerte de la angustia y del dolor
que iría a soportar
al fin del resplandor
cuando me despertara del amor.
Amaba con locura,
quería con la sangre de mis venas
y en cada noche oscura
jamás pensé en la penas
sintiéndolas lejanas, por ajenas.
Y de repente fuera
que me dormí profundo en un gran sueño
y di mi vida entera
amando con empeño
y el corazón del alma no fue dueño.
Se me escapó la vida
al tiempo que crecían las pasiones
y se me abrió una herida
manando a borbotones
borracho de placer y de emociones.
Pero llegó un momento,
al cabo de sentir un dulce abrazo,
que de un golpe violento,
como un duro zarpazo,
agónico me vi en cada pedazo.
Caí por todo el suelo,
y, estando ensangrentado y confundido,
no había bajo el cielo
un hombre más perdido,
mas pobre y desahuciado y malherido.
Ahora vago errante,
aquí y allá ignorando dónde ir,
instante tras instante
con este mal vivir
me siento que de pronto iré a morir.
Atiendan corazones,
que sirva mi experiencia de escarmiento,
placeres y emociones
se van como en el viento
y dejan un amargo sentimiento.
Así, cuando se entrega
la rosa del amor de tallo verde,
cuando la noche llega
la muerte cruda muerde
y toda su hermosura se le pierde.
Sabed de mi agonía,
escuchad cómo sufro sucumbiendo
pensando en aquel día
que amé tan solo siendo
varón y enamorado siempre ardiendo.
Pero bendito el daño,
bendito el sufrimiento y el dolor,
bendito sea el año,
no pudo ser mejor,
mientras duró dichoso aquel amor.
Yo tuve el corazón
perdido por un bosque de repente
detrás de una emoción
altísima y urgente
a todo lo demás indiferente.
Allí, bajo la Luna,
amé, y el corazón de rama en rama,
en la noche oportuna
creyó que era una cama
un banco en un rincón de entre la trama.
Y así, de enamorado,
no quise en ese tiempo comprender
que estaba condenado
a mucho padecer
tan solo por un nombre de mujer.
Sintiendo la locura
de las pasiones, como de un chiquillo,
viviera a la aventura
y no pensé el cuchillo
que me esperaba, preso de ese grillo.
Busqué placentería,
jadeante entre besos y caricias,
y en el final del día
las encontré propicias
entre las más novísimas albricias.
Así, durante un año,
miré solo los labios que besaba
no presagiando el daño
que enorme me aguardaba
en tanto más y más me enamoraba.
Dejé casa y fortuna,
pensé que lo demás ya no era nada,
y allí bajo la Luna
perdía la mirada
por unos ojos verdes de la amada.
No supe presagiar
lo fuerte de la angustia y del dolor
que iría a soportar
al fin del resplandor
cuando me despertara del amor.
Amaba con locura,
quería con la sangre de mis venas
y en cada noche oscura
jamás pensé en la penas
sintiéndolas lejanas, por ajenas.
Y de repente fuera
que me dormí profundo en un gran sueño
y di mi vida entera
amando con empeño
y el corazón del alma no fue dueño.
Se me escapó la vida
al tiempo que crecían las pasiones
y se me abrió una herida
manando a borbotones
borracho de placer y de emociones.
Pero llegó un momento,
al cabo de sentir un dulce abrazo,
que de un golpe violento,
como un duro zarpazo,
agónico me vi en cada pedazo.
Caí por todo el suelo,
y, estando ensangrentado y confundido,
no había bajo el cielo
un hombre más perdido,
mas pobre y desahuciado y malherido.
Ahora vago errante,
aquí y allá ignorando dónde ir,
instante tras instante
con este mal vivir
me siento que de pronto iré a morir.
Atiendan corazones,
que sirva mi experiencia de escarmiento,
placeres y emociones
se van como en el viento
y dejan un amargo sentimiento.
Así, cuando se entrega
la rosa del amor de tallo verde,
cuando la noche llega
la muerte cruda muerde
y toda su hermosura se le pierde.
Sabed de mi agonía,
escuchad cómo sufro sucumbiendo
pensando en aquel día
que amé tan solo siendo
varón y enamorado siempre ardiendo.
Pero bendito el daño,
bendito el sufrimiento y el dolor,
bendito sea el año,
no pudo ser mejor,
mientras duró dichoso aquel amor.