Liturgia de un ateo (I)

Fingal

Poeta adicto al portal
Liturgia de un ateo (I)

La última vez que intenté matar a Dios
me quitaste la navaja de las manos,
sin ira, sin violencia, sin castigo;
con toda la suavidad
de tus ojos como pueblos,
de la abeja que recorre los estambres,
de la nieve que se posa en las mejillas,
de la tierra que comparten el mar y la playa.

Con toda la suavidad
de las yemas y los labios de los músicos,
del pincel del arqueólogo,
de la venda, de la boca,
del lado interno de los párpados.

La última vez que intenté matar a Dios
me subiste contigo al escenario,
sin guion, sin disfraz, sin personaje;
con toda la verdad
de tu piel como la mía,
de las astas de los ciervos,
de la profundidad de los cipreses,
del llanto del recién nacido.

Con toda la verdad
de tu mano inexplicable:
tu mano que toca,
tu mano que se queda,
tu mano que defiende.

Con toda la verdad
de la tristeza de las ruinas,
de la geometría derrotada,
del instinto que recoge al pensamiento
y sabe y lo perdona y lo consuela.

La última vez que intenté matar a Dios
quería ser un poco libre.
Me diste un cuenco de sopa caliente,
una manta y un sitio junto al fuego.


Álvaro del Prado, 27 de abril de 2017
 
Hola Álvaro cómo estás
tu poema es crudo en su afán liberador; es desgarrador teniendo en cuenta el extremo del odio y del amor
Quizás en este caso de anhelos extremos el amor gane encarnado en una solicita mujer conmovedoramente piadosa y amante.
Aunque el título de tu poema contradice la historia ya que un ateo no cree e dioses, ergo , no puede pretender matar algo que no existe para él. En todo caso hubiese pretendido matar en algo en lo que creyera , y, ahí si, la figura hubiese sido creíble y más humana.
En este caso lo humano y lo divino no son comlementarios sino que divergen por la identidad del personaje. Eso, quizás fue algo involuntario de tu parte. Por lo demás, el poema fluye entre el grito y la conmiseración
entre el dolor y el consuelo
Entre el delirio y la pertenencia.
Te felicito por tu esfuerzo creativo.
Saludos cordiales.
 
Muy buen trabajo. Empieza como una bofetada en el verso uno, que te espabila y te hace prestar atencion, y te mantiene levitando hasta el final. Me gusto
 
Liturgia de un ateo (I)

La última vez que intenté matar a Dios
me quitaste la navaja de las manos,
sin ira, sin violencia, sin castigo;
con toda la suavidad
de tus ojos como pueblos,
de la abeja que recorre los estambres,
de la nieve que se posa en las mejillas,
de la tierra que comparten el mar y la playa.

Con toda la suavidad
de las yemas y los labios de los músicos,
del pincel del arqueólogo,
de la venda, de la boca,
del lado interno de los párpados.

La última vez que intenté matar a Dios
me subiste contigo al escenario,
sin guion, sin disfraz, sin personaje;
con toda la verdad
de tu piel como la mía,
de las astas de los ciervos,
de la profundidad de los cipreses,
del llanto del recién nacido.

Con toda la verdad
de tu mano inexplicable:
tu mano que toca,
tu mano que se queda,
tu mano que defiende.

Con toda la verdad
de la tristeza de las ruinas,
de la geometría derrotada,
del instinto que recoge al pensamiento
y sabe y lo perdona y lo consuela.

La última vez que intenté matar a Dios
quería ser un poco libre.
Me diste un cuenco de sopa caliente,
una manta y un sitio junto al fuego.


Álvaro del Prado, 27 de abril de 2017

Nunca seremos libres, la libertad es una quimera es la zanahoria que queremos alcanzar y nunca se deja coger; y la religión es la cadena más gruesa y resistente que puede haber. Nunca se rompe del todo por mucho que se intente. ¿Debido a qué? A que desde la cuna nos colocan la argolla anclada en el miedo y el chantaje, y a medida que crecemos nos van añadiendo un eslabón cada vez más pesado, con más carga emocional. Esa relación está basada en el miedo y no en el amor. Si fuera amor no se habrían cometido tantas atrocidades en su nombre. ¿Y cómo nos lo explican? Ahora con más chantaje, con hipocresía, antes nos quemaban en la hoguera, y con el comodín de los argumentos, la FE.
Es muy difícil escapar. Entiendo que al final se acepte un cuenco de sopa caliente, una manta y un sitio junto al fuego... y puede, que con algún eslabón más en la cadena.
Puede que exista un ser omnipotente, omni-todo..., pero nos lo han presentado en una novela negra y para desconcertarnos más y liarnos, nos hacen un tres en uno... (la víctima, el salvador y el malo)
Ah! a mi el título me parece perfecto. ¿Para cuando "Liturgia de un ateo" (II)?

Un abrazo Fingal
 
Última edición:
Liturgia de un ateo (I)

La última vez que intenté matar a Dios
me quitaste la navaja de las manos,
sin ira, sin violencia, sin castigo;
con toda la suavidad
de tus ojos como pueblos,
de la abeja que recorre los estambres,
de la nieve que se posa en las mejillas,
de la tierra que comparten el mar y la playa.

Con toda la suavidad
de las yemas y los labios de los músicos,
del pincel del arqueólogo,
de la venda, de la boca,
del lado interno de los párpados.

La última vez que intenté matar a Dios
me subiste contigo al escenario,
sin guion, sin disfraz, sin personaje;
con toda la verdad
de tu piel como la mía,
de las astas de los ciervos,
de la profundidad de los cipreses,
del llanto del recién nacido.

Con toda la verdad
de tu mano inexplicable:
tu mano que toca,
tu mano que se queda,
tu mano que defiende.

Con toda la verdad
de la tristeza de las ruinas,
de la geometría derrotada,
del instinto que recoge al pensamiento
y sabe y lo perdona y lo consuela.

La última vez que intenté matar a Dios
quería ser un poco libre.
Me diste un cuenco de sopa caliente,
una manta y un sitio junto al fuego.


Álvaro del Prado, 27 de abril de 2017
Adoro los poemas que respiran sentimiento en cada verso,
sin recurrir a la palabra amor.Genial...
Un poema excelente, compañero,un placer de lectura.
Un abrazo y feliz otoño.
 
Hola Álvaro cómo estás
tu poema es crudo en su afán liberador; es desgarrador teniendo en cuenta el extremo del odio y del amor
Quizás en este caso de anhelos extremos el amor gane encarnado en una solicita mujer conmovedoramente piadosa y amante.
Aunque el título de tu poema contradice la historia ya que un ateo no cree e dioses, ergo , no puede pretender matar algo que no existe para él. En todo caso hubiese pretendido matar en algo en lo que creyera , y, ahí si, la figura hubiese sido creíble y más humana.
En este caso lo humano y lo divino no son comlementarios sino que divergen por la identidad del personaje. Eso, quizás fue algo involuntario de tu parte. Por lo demás, el poema fluye entre el grito y la conmiseración
entre el dolor y el consuelo
Entre el delirio y la pertenencia.
Te felicito por tu esfuerzo creativo.
Saludos cordiales.

Muchas gracias, Antonio:

Aquí, la figura la pongo como algo simbólico. Para mí representa esos aspectos de la naturaleza que están por encima de nuestra capacidad de decidir, como puede ser el hecho de tener unos sentimientos que no elegimos. Esta idea es el punto de partida, aunque creo que la imagen es mucho más amplia. No somos libres de amar o no amar. La persona a quien dirijo el poema me ha reconciliado con esos sentimientos que no elegimos, no realmente por ser solícita y amante, simplemente un poco amable y considerada, o tal vez porque lo que me despierta es suficiente para hacerme sentir bien y volver a aceptar esa parte de la naturaleza, la parte emocional, como una parte imprescindible del ser humano. Al final, las respuestas que no me llegan desde ningún ente divino me llegan desde las personas; de ahí el título, que ya por sí mismo es contradictorio ;).

Un abrazo,

Álvaro
 
Liturgia de un ateo (I)

La última vez que intenté matar a Dios
me quitaste la navaja de las manos,
sin ira, sin violencia, sin castigo;
con toda la suavidad
de tus ojos como pueblos,
de la abeja que recorre los estambres,
de la nieve que se posa en las mejillas,
de la tierra que comparten el mar y la playa.

Con toda la suavidad
de las yemas y los labios de los músicos,
del pincel del arqueólogo,
de la venda, de la boca,
del lado interno de los párpados.

La última vez que intenté matar a Dios
me subiste contigo al escenario,
sin guion, sin disfraz, sin personaje;
con toda la verdad
de tu piel como la mía,
de las astas de los ciervos,
de la profundidad de los cipreses,
del llanto del recién nacido.

Con toda la verdad
de tu mano inexplicable:
tu mano que toca,
tu mano que se queda,
tu mano que defiende.

Con toda la verdad
de la tristeza de las ruinas,
de la geometría derrotada,
del instinto que recoge al pensamiento
y sabe y lo perdona y lo consuela.

La última vez que intenté matar a Dios
quería ser un poco libre.
Me diste un cuenco de sopa caliente,
una manta y un sitio junto al fuego.


Álvaro del Prado, 27 de abril de 2017

Siempre es grato leerte, Álvaro. Felicidades.
 

"POEMA DEL MES"

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Liturgia de un ateo (I)

La última vez que intenté matar a Dios
me quitaste la navaja de las manos,
sin ira, sin violencia, sin castigo;
con toda la suavidad
de tus ojos como pueblos,
de la abeja que recorre los estambres,
de la nieve que se posa en las mejillas,
de la tierra que comparten el mar y la playa.

Con toda la suavidad
de las yemas y los labios de los músicos,
del pincel del arqueólogo,
de la venda, de la boca,
del lado interno de los párpados.

La última vez que intenté matar a Dios
me subiste contigo al escenario,
sin guion, sin disfraz, sin personaje;
con toda la verdad
de tu piel como la mía,
de las astas de los ciervos,
de la profundidad de los cipreses,
del llanto del recién nacido.

Con toda la verdad
de tu mano inexplicable:
tu mano que toca,
tu mano que se queda,
tu mano que defiende.

Con toda la verdad
de la tristeza de las ruinas,
de la geometría derrotada,
del instinto que recoge al pensamiento
y sabe y lo perdona y lo consuela.

La última vez que intenté matar a Dios
quería ser un poco libre.
Me diste un cuenco de sopa caliente,
una manta y un sitio junto al fuego.


Álvaro del Prado, 27 de abril de 2017

Busqueda de un encuentro de resuestas en esa parte emocional que nos
ofrecen las personas, dirigirirse a ella como reconciliadora de esos
aspectos que dejan el hecho del sentimiento prendido.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Liturgia de un ateo (I)

La última vez que intenté matar a Dios
me quitaste la navaja de las manos,
sin ira, sin violencia, sin castigo;
con toda la suavidad
de tus ojos como pueblos,
de la abeja que recorre los estambres,
de la nieve que se posa en las mejillas,
de la tierra que comparten el mar y la playa.

Con toda la suavidad
de las yemas y los labios de los músicos,
del pincel del arqueólogo,
de la venda, de la boca,
del lado interno de los párpados.

La última vez que intenté matar a Dios
me subiste contigo al escenario,
sin guion, sin disfraz, sin personaje;
con toda la verdad
de tu piel como la mía,
de las astas de los ciervos,
de la profundidad de los cipreses,
del llanto del recién nacido.

Con toda la verdad
de tu mano inexplicable:
tu mano que toca,
tu mano que se queda,
tu mano que defiende.

Con toda la verdad
de la tristeza de las ruinas,
de la geometría derrotada,
del instinto que recoge al pensamiento
y sabe y lo perdona y lo consuela.

La última vez que intenté matar a Dios
quería ser un poco libre.
Me diste un cuenco de sopa caliente,
una manta y un sitio junto al fuego.


Álvaro del Prado, 27 de abril de 2017


Para estar en el foro de poemas de amor es bastante extraña la expresión, pero muy interesante. Las singularidades comienzan con el título.Mi felicitación por el bien merecido reconocimiento con mi saludo cordial.
 
Nuca había visto a Dios tan presente en un poema. Muy buenos estos versos Fingal. Mi saludo sincero poeta.

Muchas gracias, selenschek Manfred. Diría que, el hecho de ser ateo y no creer en Dios, no significa que no reconozcamos belleza o necesidad en esa idea. La forma de llenar el hueco, en mi caso, parece que es construir una figura idealizada partiendo de algo humano.

Un abrazo,

Álvaro
 
Nunca seremos libres, la libertad es una quimera es la zanahoria que queremos alcanzar y nunca se deja coger; y la religión es la cadena más gruesa y resistente que puede haber. Nunca se rompe del todo por mucho que se intente. ¿Debido a qué? A que desde la cuna nos colocan la argolla anclada en el miedo y el chantaje, y a medida que crecemos nos van añadiendo un eslabón cada vez más pesado, con más carga emocional. Esa relación está basada en el miedo y no en el amor. Si fuera amor no se habrían cometido tantas atrocidades en su nombre. ¿Y cómo nos lo explican? Ahora con más chantaje, con hipocresía, antes nos quemaban en la hoguera, y con el comodín de los argumentos, la FE.
Es muy difícil escapar. Entiendo que al final se acepte un cuenco de sopa caliente, una manta y un sitio junto al fuego... y puede, que con algún eslabón más en la cadena.
Puede que exista un ser omnipotente, omni-todo..., pero nos lo han presentado en una novela negra y para desconcertarnos más y liarnos, nos hacen un tres en uno... (la víctima, el salvador y el malo)
Ah! a mi el título me parece perfecto. ¿Para cuando "Liturgia de un ateo" (II)?

Un abrazo Fingal


Muchas gracias por el comentario y por compartir tus reflexiones.

Creo que, al menos, tenemos la sensación de una cierta libertad en lo que se refiere a la toma de decisiones. No quiero entrar en cuestiones filosóficas de si somos realmente libres o no o solo tenemos la sensación poder elegir libremente (dentro de los límites de nuestras circunstancias). Desde esa sensación de libertad de decisión, creo que surge una necesidad de encontrar una moral, una ética, algún tipo de respuesta a la pregunta de cómo debo comportarme (dentro de las opciones que percibo). Esa pregunta está ahí. La religión (en su mejor sentido, no cuando se utiliza como herramienta de control y dominio) puede servir para dar una respuesta. A otros la religión no nos da la respuesta, pero eso no nos libera de la pregunta. Cuando la respuesta tampoco llega por una vía de pensamiento puramente racional, puede acabar llegando (al menos así es en mi caso) por la vía emocional, del sentimiento. Y, sinceramente, no veo mucha diferencia entre eso y la fe. Por eso, a veces tiendo a utilizar elementos religiosos para describir cuestiones emocionales. Creer en el amor, aunque uno elimine los intermediarios divinos y lo acepte como una característica simplemente humana, es, en mi opinión, en cierto modo, fe. Al menos, a mí me parece que hay más belleza en que el amor (y me refiero al amor como principio para relacionarte con el mundo) venga inspirado por otro ser humano (aunque esté idealizado) que por una idea ajena a lo humano.

En cuanto a próximas partes o continuaciones, dame tiempo.

Un abrazo
 
Muchas gracias, selenschek Manfred. Diría que, el hecho de ser ateo y no creer en Dios, no significa que no reconozcamos belleza o necesidad en esa idea. La forma de llenar el hueco, en mi caso, parece que es construir una figura idealizada partiendo de algo humano.

Un abrazo,

Álvaro

Dios existe, lo que no existe es todo lo demás !!
 
Liturgia de un ateo (I)

La última vez que intenté matar a Dios
me quitaste la navaja de las manos,
sin ira, sin violencia, sin castigo;
con toda la suavidad
de tus ojos como pueblos,
de la abeja que recorre los estambres,
de la nieve que se posa en las mejillas,
de la tierra que comparten el mar y la playa.

Con toda la suavidad
de las yemas y los labios de los músicos,
del pincel del arqueólogo,
de la venda, de la boca,
del lado interno de los párpados.

La última vez que intenté matar a Dios
me subiste contigo al escenario,
sin guion, sin disfraz, sin personaje;
con toda la verdad
de tu piel como la mía,
de las astas de los ciervos,
de la profundidad de los cipreses,
del llanto del recién nacido.

Con toda la verdad
de tu mano inexplicable:
tu mano que toca,
tu mano que se queda,
tu mano que defiende.

Con toda la verdad
de la tristeza de las ruinas,
de la geometría derrotada,
del instinto que recoge al pensamiento
y sabe y lo perdona y lo consuela.

La última vez que intenté matar a Dios
quería ser un poco libre.
Me diste un cuenco de sopa caliente,
una manta y un sitio junto al fuego.


Álvaro del Prado, 27 de abril de 2017

Y fue una transformación? O simplemente en esa mirada, en ese cobijo, lo pudiste ver? Yo creo que sí. En esos actos de amor, está la fuente primigenia, esa que nos lleva a conectarnos con el otro. Ese dios es efímero, pero las acciones de amor siempre quedan en nosotros. Un abrazo gigante.
 

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