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Llanura hirviente de trigos (Paz en la tarde)

Pessoa

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LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)



Mueve la galerna los centros de la manzana

y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.

Qué pesarosos son los sueños de grandeza

qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.

Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada

busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.

Eran las tardes de aromas que saborean

las lejanías de la caricia

mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.

En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba

al pájaro peregrino.

Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían

líquenes de plata.

Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos

y alejaban las nubes y sus formas femeninas.

Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre

y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda

trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.



Los viejos palacios alfombran la llanura

y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos

los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa

como Narcisos oscilantes.

Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba

en el océano azul de tu ojo.

Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras

como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado

La negación de la nada como pradera inundada de vestigios

mientras con el estupor del cuervo

desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras

Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos

es el continuo renacer de las horas y los vicios

que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.

Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes

al amor bajo los tilos.

Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas

removidas por el viento.



triptych-la-saga-de-promethee-apocalypse-1950-oskar-kokoschka-londres-courtauld-gallery.jpg



Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
 
Eran las tardes de aromas que saborean

las lejanías de la caricia

Que maravillosos versos AMADO poeta, me gustan las tardes especialmente cuando todo esta silencio en la casa. Me siento el la sala y leo y puedo saborear las caricias de la palabra.

En la distancia mis respetos en un abrazo de colores, siempre, siempre, es un lujo leerle,
 
LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)



Mueve la galerna los centros de la manzana

y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.

Qué pesarosos son los sueños de grandeza

qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.

Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada

busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.

Eran las tardes de aromas que saborean

las lejanías de la caricia

mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.

En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba

al pájaro peregrino.

Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían

líquenes de plata.

Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos

y alejaban las nubes y sus formas femeninas.

Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre

y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda

trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.



Los viejos palacios alfombran la llanura

y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos

los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa

como Narcisos oscilantes.

Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba

en el océano azul de tu ojo.

Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras

como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado

La negación de la nada como pradera inundada de vestigios

mientras con el estupor del cuervo

desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras

Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos

es el continuo renacer de las horas y los vicios

que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.

Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes

al amor bajo los tilos.

Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas

removidas por el viento.



triptych-la-saga-de-promethee-apocalypse-1950-oskar-kokoschka-londres-courtauld-gallery.jpg



Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)


Admirable inspiración Miguel, con placer he disfrutado ¡un poema!
Saludos cordiales.
 
LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)



Mueve la galerna los centros de la manzana

y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.

Qué pesarosos son los sueños de grandeza

qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.

Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada


busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.


Eran las tardes de aromas que saborean

las lejanías de la caricia

mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.

En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba

al pájaro peregrino.

Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían

líquenes de plata.

Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos

y alejaban las nubes y sus formas femeninas.

Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre

y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda

trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.



Los viejos palacios alfombran la llanura

y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos

los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa

como Narcisos oscilantes.

Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba

en el océano azul de tu ojo.

Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras

como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado

La negación de la nada como pradera inundada de vestigios

mientras con el estupor del cuervo

desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras

Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos

es el continuo renacer de las horas y los vicios

que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.

Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes

al amor bajo los tilos.

Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas

removidas por el viento.



triptych-la-saga-de-promethee-apocalypse-1950-oskar-kokoschka-londres-courtauld-gallery.jpg



Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)



Un gran poema que invita e incita a la reflexión madura de la intrascendencia de la juventud, de su irrelevancia, de su nadería. Arte espléndido para un tema con tantos ejemplos. Un abrazo Miguel!
 
LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)



Mueve la galerna los centros de la manzana

y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.

Qué pesarosos son los sueños de grandeza

qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.

Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada

busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.

Eran las tardes de aromas que saborean

las lejanías de la caricia

mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.

En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba

al pájaro peregrino.

Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían

líquenes de plata.

Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos

y alejaban las nubes y sus formas femeninas.

Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre

y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda

trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.



Los viejos palacios alfombran la llanura

y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos

los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa

como Narcisos oscilantes.

Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba

en el océano azul de tu ojo.

Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras

como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado

La negación de la nada como pradera inundada de vestigios

mientras con el estupor del cuervo

desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras

Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos

es el continuo renacer de las horas y los vicios

que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.

Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes

al amor bajo los tilos.

Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas

removidas por el viento.



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Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
La sed de las formas en esa melodia que se infiltra como una busqueda
en el instinto de la juventud. la difusion desdobla pues ese ojo suelto
donde palpitan los momentos vividos. bellissimo. saludos de luzyabsenta
 
LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)



Mueve la galerna los centros de la manzana

y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.

Qué pesarosos son los sueños de grandeza

qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.

Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada

busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.

Eran las tardes de aromas que saborean

las lejanías de la caricia

mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.

En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba

al pájaro peregrino.

Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían

líquenes de plata.

Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos

y alejaban las nubes y sus formas femeninas.

Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre

y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda

trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.



Los viejos palacios alfombran la llanura

y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos

los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa

como Narcisos oscilantes.

Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba

en el océano azul de tu ojo.

Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras

como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado

La negación de la nada como pradera inundada de vestigios

mientras con el estupor del cuervo

desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras

Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos

es el continuo renacer de las horas y los vicios

que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.

Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes

al amor bajo los tilos.

Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas

removidas por el viento.



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Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
Buenos dias
Un placer estar entre sus letras
Gracias por compartirlas
Un saludo
 

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