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Llanura hirviente de trigos (Paz en la tarde)
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LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)
Mueve la galerna los centros de la manzana
y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.
Qué pesarosos son los sueños de grandeza
qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.
Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada
busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.
Eran las tardes de aromas que saborean
las lejanías de la caricia
mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.
En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba
al pájaro peregrino.
Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían
líquenes de plata.
Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos
y alejaban las nubes y sus formas femeninas.
Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre
y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda
trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.
Los viejos palacios alfombran la llanura
y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos
los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa
como Narcisos oscilantes.
Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba
en el océano azul de tu ojo.
Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras
como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado
La negación de la nada como pradera inundada de vestigios
mientras con el estupor del cuervo
desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras
Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos
es el continuo renacer de las horas y los vicios
que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.
Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes
al amor bajo los tilos.
Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas
removidas por el viento.
Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
Dallas, Texas y Monterrey NL México
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Eran las tardes de aromas que saborean
las lejanías de la caricia
Que maravillosos versos AMADO poeta, me gustan las tardes especialmente cuando todo esta silencio en la casa. Me siento el la sala y leo y puedo saborear las caricias de la palabra.
En la distancia mis respetos en un abrazo de colores, siempre, siempre, es un lujo leerle,
LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)
Mueve la galerna los centros de la manzana
y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.
Qué pesarosos son los sueños de grandeza
qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.
Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada
busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.
Eran las tardes de aromas que saborean
las lejanías de la caricia
mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.
En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba
al pájaro peregrino.
Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían
líquenes de plata.
Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos
y alejaban las nubes y sus formas femeninas.
Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre
y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda
trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.
Los viejos palacios alfombran la llanura
y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos
los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa
como Narcisos oscilantes.
Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba
en el océano azul de tu ojo.
Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras
como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado
La negación de la nada como pradera inundada de vestigios
mientras con el estupor del cuervo
desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras
Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos
es el continuo renacer de las horas y los vicios
que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.
Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes
al amor bajo los tilos.
Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas
removidas por el viento.
Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
Admirable inspiración Miguel , con placer he disfrutado ¡un poema!
Saludos cordiales.
Moderador Foros Surrealistas.o
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Muchas gracias, Guadalupe. Como siempre tus palabras dan otra vida a mis versos. Un abrazo desde este Mediterráneo, hoy triste y azul.
miguel
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Hola, Mireya: mi agradecimiento por tu visita y las palabras, cálidas palabras que dedicas a mis versos. Un cariñoso abrazo,
miguel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cualquier sabor intenso y querido como grabado a fuego en el gusto de la vivencia vital..
Buen trabajo
Saludos amigo
Poeta que considera el portal su segunda casa
LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)
Mueve la galerna los centros de la manzana
y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.
Qué pesarosos son los sueños de grandeza
qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.
Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada
busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.
Eran las tardes de aromas que saborean
las lejanías de la caricia
mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.
En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba
al pájaro peregrino.
Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían
líquenes de plata.
Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos
y alejaban las nubes y sus formas femeninas.
Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre
y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda
trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.
Los viejos palacios alfombran la llanura
y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos
los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa
como Narcisos oscilantes.
Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba
en el océano azul de tu ojo.
Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras
como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado
La negación de la nada como pradera inundada de vestigios
mientras con el estupor del cuervo
desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras
Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos
es el continuo renacer de las horas y los vicios
que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.
Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes
al amor bajo los tilos.
Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas
removidas por el viento.
Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
Un gran poema que invita e incita a la reflexión madura de la intrascendencia de la juventud, de su irrelevancia, de su nadería. Arte espléndido para un tema con tantos ejemplos. Un abrazo Miguel!
Moder Surrealistas, Microprosas.Miembro del Jurado
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LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)
Mueve la galerna los centros de la manzana
y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.
Qué pesarosos son los sueños de grandeza
qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.
Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada
busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.
Eran las tardes de aromas que saborean
las lejanías de la caricia
mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.
En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba
al pájaro peregrino.
Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían
líquenes de plata.
Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos
y alejaban las nubes y sus formas femeninas.
Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre
y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda
trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.
Los viejos palacios alfombran la llanura
y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos
los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa
como Narcisos oscilantes.
Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba
en el océano azul de tu ojo.
Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras
como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado
La negación de la nada como pradera inundada de vestigios
mientras con el estupor del cuervo
desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras
Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos
es el continuo renacer de las horas y los vicios
que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.
Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes
al amor bajo los tilos.
Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas
removidas por el viento.
Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
La sed de las formas en esa melodia que se infiltra como una busqueda
en el instinto de la juventud. la difusion desdobla pues ese ojo suelto
donde palpitan los momentos vividos. bellissimo. saludos de luzyabsenta
Moderador Foros Surrealistas.o
Miembro del equipo
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Gracias, querido Carlos, por este nuevo renacer que concedes a mi poema. Tus palabras renuevan sus reflejos y el latido que todavía lo anima. Un cordial saludo,
miguel
Poeta que considera el portal su segunda casa
LLANURA HIRVIENTE DE TRIGOS
(Paz en la tarde)
Mueve la galerna los centros de la manzana
y apenas se esboza el murmullo que despierta mi nueva madrugada.
Qué pesarosos son los sueños de grandeza
qué dispersas las granadas cuando revientan en tu mano juvenil.
Aspirante a relicario para guardar aquella última mirada
busqué el recóndito fulgor en la suave melodía del piano.
Eran las tardes de aromas que saborean
las lejanías de la caricia
mientras mi mirada me devolvía al espejo clamoroso y cotidiano.
En el patio lugareño la vieja parra ronrroneaba
al pájaro peregrino.
Necesitaba ser habitada y de las tejas en flor sólo se desprendían
líquenes de plata.
Eran las tardes rumorosas que ensanchaban los horizontes plomizos
y alejaban las nubes y sus formas femeninas.
Las rocas asomaban temerosas entre los surcos de sangre
y la antigua y noble arquitectura de las torres como víctimas en ofrenda
trascendía al poderoso vuelo de las águilas heráldicas.
Los viejos palacios alfombran la llanura
y el arroyuelo moribundo apenas sollozaba a la sombra de los chopos
los juncos se enamoraban de su imagen veleidosa
como Narcisos oscilantes.
Todo era paz en la tarde mientras yo como insólito grumete navegaba
en el océano azul de tu ojo.
Gimientes los trigales añoraban las hoces redentoras
como añoro yo el no existir de las horas que nunca pasé a tu lado
La negación de la nada como pradera inundada de vestigios
mientras con el estupor del cuervo
desde mi ojo se extirpan las circunvoluciones donde nacen mis palabras
Es el destino fatal impregnado por las grietas de pasados cataclismos
es el continuo renacer de las horas y los vicios
que acompañan como sombra inexorable mi eterna sed de tí.
Es el llorar clandestino sobre tejados de barro de los advenedizos aspirantes
al amor bajo los tilos.
Mientras los fláccidos gusanos corroen sin descanso los centros de las manzanas
removidas por el viento.
Ilust.: “La saga de Prometeo”. Oskar Kokoschka (1950)
Buenos dias
Un placer estar entre sus letras
Gracias por compartirlas
Un saludo
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