José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi carmín, rojo intenso.
Damisela de cigarro y medio, complaciente.
Resquebrajado engaño.
Los machos se levantaron y se acercaron
cuando me subí a la moto y me fui del paraíso.
¿Quién destrozó una hada
tras los vestidos etéreos
de una fingida hermosura?
Llego a tus piernas robustas.
A mis columnas.
Hoy déjame sumergirme en tu regazo,
deslizarme a lo largo de tu cuerpo.
Ignora callado mis remordimientos.
Hoy déjame sumergirme en tu acogedor regazo,
en tu suntuoso caleidoscopio de miradas.
Bórrame la piel donde han cuajado los olores de ella.
Ella.
La que aguarda mi presencia
Como la muerte.
Déjame sumergirme en tu cálido regazo
que ángeles y demonios me han envenenado.
Damisela de cigarro y medio, complaciente.
Resquebrajado engaño.
Los machos se levantaron y se acercaron
cuando me subí a la moto y me fui del paraíso.
¿Quién destrozó una hada
tras los vestidos etéreos
de una fingida hermosura?
Llego a tus piernas robustas.
A mis columnas.
Hoy déjame sumergirme en tu regazo,
deslizarme a lo largo de tu cuerpo.
Ignora callado mis remordimientos.
Hoy déjame sumergirme en tu acogedor regazo,
en tu suntuoso caleidoscopio de miradas.
Bórrame la piel donde han cuajado los olores de ella.
Ella.
La que aguarda mi presencia
Como la muerte.
Déjame sumergirme en tu cálido regazo
que ángeles y demonios me han envenenado.
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