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Poeta recién llegado
Llegué a ti despoblado, exiguo,
con el rostro sin labios y los ojos dibujados en arena.
Todos mis relojes marcaban fracaso,
inmóviles, detenidos entre cristales.
Te vi y, detrás de ti misma, te vi,
contenida, oculta, rozando apenas las aceras,
dejando una estela tenue, espuma de dulzura y dados, sin querer,
sin volverte siquiera hacia tu suerte…
Supe que tenías mi condena,
que yo habitaba la cárcel de tus delitos…
Y del otro aprendimos la sonrisa del prófugo,
a robar las llaves que abren los silencios,
a entregarnos, declarar la verdad sin dolor,
a forzar la puerta que nos separaba del amor.
A Montserrat Sierra
con el rostro sin labios y los ojos dibujados en arena.
Todos mis relojes marcaban fracaso,
inmóviles, detenidos entre cristales.
Te vi y, detrás de ti misma, te vi,
contenida, oculta, rozando apenas las aceras,
dejando una estela tenue, espuma de dulzura y dados, sin querer,
sin volverte siquiera hacia tu suerte…
Supe que tenías mi condena,
que yo habitaba la cárcel de tus delitos…
Y del otro aprendimos la sonrisa del prófugo,
a robar las llaves que abren los silencios,
a entregarnos, declarar la verdad sin dolor,
a forzar la puerta que nos separaba del amor.
A Montserrat Sierra
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