Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Me sigue un tropel de destinos
como si fueran perros de oficio
en los caminos ,
no hay descanso en la huida
y en las ruinas humeantes
una puerta se desase y se duplica
en un cielo amarillento
como si se mirara en un espejo.
De todos los faroles
solo uno sigue erguido
como si vigilara la puerta,
solo uno que parece
un hueso iluminado,
todo vuela por el aire
todos se desase
en un temporal callado,
tablones elevados
sin viento
simulan un camino
entre la puerta y su reflejo
en el espejo.
Dos mujeres
o una y su reflejo
parecieran estar quietas
debajo de la puerta,
una está de espaldas
la otra me mira de frente,
de allá de donde vengo azorado
por los perros
no logro reconocerlas,
y me parecen dos
y me parece una,
quieta,
ahí parada debajo la puerta.
Nada se mueve
solo el silencio contesta
a mis oídos,
tropel de destinos tras de mí
como si fueran perros de oficio
me esquinan aquí,
como dar respuesta a lo que ocurre
si estoy sordo y mudo
nadando en el aire,
por más que intento gritar
nadie responde,
y me parecen dos
y me parece una
la mujer debajo de la puerta
frente al camino de tablones
que suspendidos sin volar
parecen caminar
solo ellos parecen caminar,
todo lo demás está quieto
bajo este cielo amarillento.
No hay manera de volver atrás
todos los perros están quietos
en la colina donde antes hubo
una ciudad,
un muro de ojos brillantes
y la condena en sus fauces,
atrás
ya no hay camino,
a tras desapareció el mundo
y no hay más lugar
que este que logre alcanzar,
y la puerta se desase
y escalan cada vez más alto
los tablones en el aire,
dos mujeres me parecen
o una y su reflejo
paradas bajo el dintel
de la puerta que se desase,
quietas como si se miraran una a otra
sin enfrentarse.
Me sigue un tropel de destinos
como si fueran bestias migrando,
perros rabiosos de oficio
soldados del tiempo machando,
y la puerta se desase,
y son dos mujeres
o una y su reflejo,
y por más que intento gritar
solo el silencio responde.
Llegue hasta aquí,
lo más cerca que pude
estar de ti.
como si fueran perros de oficio
en los caminos ,
no hay descanso en la huida
y en las ruinas humeantes
una puerta se desase y se duplica
en un cielo amarillento
como si se mirara en un espejo.
De todos los faroles
solo uno sigue erguido
como si vigilara la puerta,
solo uno que parece
un hueso iluminado,
todo vuela por el aire
todos se desase
en un temporal callado,
tablones elevados
sin viento
simulan un camino
entre la puerta y su reflejo
en el espejo.
Dos mujeres
o una y su reflejo
parecieran estar quietas
debajo de la puerta,
una está de espaldas
la otra me mira de frente,
de allá de donde vengo azorado
por los perros
no logro reconocerlas,
y me parecen dos
y me parece una,
quieta,
ahí parada debajo la puerta.
Nada se mueve
solo el silencio contesta
a mis oídos,
tropel de destinos tras de mí
como si fueran perros de oficio
me esquinan aquí,
como dar respuesta a lo que ocurre
si estoy sordo y mudo
nadando en el aire,
por más que intento gritar
nadie responde,
y me parecen dos
y me parece una
la mujer debajo de la puerta
frente al camino de tablones
que suspendidos sin volar
parecen caminar
solo ellos parecen caminar,
todo lo demás está quieto
bajo este cielo amarillento.
No hay manera de volver atrás
todos los perros están quietos
en la colina donde antes hubo
una ciudad,
un muro de ojos brillantes
y la condena en sus fauces,
atrás
ya no hay camino,
a tras desapareció el mundo
y no hay más lugar
que este que logre alcanzar,
y la puerta se desase
y escalan cada vez más alto
los tablones en el aire,
dos mujeres me parecen
o una y su reflejo
paradas bajo el dintel
de la puerta que se desase,
quietas como si se miraran una a otra
sin enfrentarse.
Me sigue un tropel de destinos
como si fueran bestias migrando,
perros rabiosos de oficio
soldados del tiempo machando,
y la puerta se desase,
y son dos mujeres
o una y su reflejo,
y por más que intento gritar
solo el silencio responde.
Llegue hasta aquí,
lo más cerca que pude
estar de ti.
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