jorge bonanno
Poeta fiel al portal
Llueve.
Llueve en la ciudad.
Cae la melancolía,
junto con las gotas que se destilan
una a una con el tiempo que transcurre.
Pero aunque llueva,
no llueve.
La mirada se pierde tras un ventanal pintado
justo allí, donde el ánimo lo exige.
Se esfuma el pensamiento
bajo el narcótico efecto de las gotas
que tienden su trampa a la psiquis
y la capturan.
Pero aunque llueva,
no llueve.
Afuera, miles de almas
corren de un húmedo presente
a un futuro que no entienden
y que se escapa a cada paso.
La angustia se entrecruza con la histeria
y se inundan los segundos que se viven.
Llueve.
Llueve en la ciudad.
Pero aunque llueva,
no llueve en el interior de mi mundo.
Es que el sol que descubrí
tras recurrentes tormentas
me ha llevado a no mojarme,
cuando llueve.
Llueve en la ciudad.
Cae la melancolía,
junto con las gotas que se destilan
una a una con el tiempo que transcurre.
Pero aunque llueva,
no llueve.
La mirada se pierde tras un ventanal pintado
justo allí, donde el ánimo lo exige.
Se esfuma el pensamiento
bajo el narcótico efecto de las gotas
que tienden su trampa a la psiquis
y la capturan.
Pero aunque llueva,
no llueve.
Afuera, miles de almas
corren de un húmedo presente
a un futuro que no entienden
y que se escapa a cada paso.
La angustia se entrecruza con la histeria
y se inundan los segundos que se viven.
Llueve.
Llueve en la ciudad.
Pero aunque llueva,
no llueve en el interior de mi mundo.
Es que el sol que descubrí
tras recurrentes tormentas
me ha llevado a no mojarme,
cuando llueve.
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