Birbiloke
Poeta adicto al portal
LLoraba con toda las ganas
nada podía calmar su dolor,
negro y abismal
su dolor profundo,
imposible de penetrar
arrancar de cuajo
sus visceras.
Un corazón triste y desarmado,
lleno de piedad y juicio contra si mismo,
su peor juez.
Lloran las almas
que no abrazarón a besar el cielo.
LLoran, llenando de agua la tierra,
anegando toda pena viviente.
LLoran y lloran
un fuego que nunca fue encendido.
No te preocupes,
ella está contigo
su pena, tuya, la misma.
No te sientas culpable
por verla feliz
a tu lado, descansa
de toda pena, de toda lágrima
que nos oscurece los sentimientos.
Eres preciosa,
mi viejita linda,
ese beso tierno
de amor y luz
que tú y tu sonrisa devuelves.
No te preocupes
que estoy aquí,
de silencios subyugados
y triste sinfonía tic-tac
del corazón.
A veces viene
prematura de silencio
susurro de hoja de aire
deslizando mi cornisa
como aquello que se va
y no vuelve.
y no alcanza a ver la luz
de un día que se detiene.
Y otras te beso
como si fuera la última vez
el cristal roto
y mi pena con el.
Y el olvido ampare
el duelo que duele y no se olvida,
ni después muerto
ni después floreciente
sus hojas que brotan de sol naciente.
nada podía calmar su dolor,
negro y abismal
su dolor profundo,
imposible de penetrar
arrancar de cuajo
sus visceras.
Un corazón triste y desarmado,
lleno de piedad y juicio contra si mismo,
su peor juez.
Lloran las almas
que no abrazarón a besar el cielo.
LLoran, llenando de agua la tierra,
anegando toda pena viviente.
LLoran y lloran
un fuego que nunca fue encendido.
No te preocupes,
ella está contigo
su pena, tuya, la misma.
No te sientas culpable
por verla feliz
a tu lado, descansa
de toda pena, de toda lágrima
que nos oscurece los sentimientos.
Eres preciosa,
mi viejita linda,
ese beso tierno
de amor y luz
que tú y tu sonrisa devuelves.
No te preocupes
que estoy aquí,
de silencios subyugados
y triste sinfonía tic-tac
del corazón.
A veces viene
prematura de silencio
susurro de hoja de aire
deslizando mi cornisa
como aquello que se va
y no vuelve.
y no alcanza a ver la luz
de un día que se detiene.
Y otras te beso
como si fuera la última vez
el cristal roto
y mi pena con el.
Y el olvido ampare
el duelo que duele y no se olvida,
ni después muerto
ni después floreciente
sus hojas que brotan de sol naciente.