Lo bueno del amor, es estar vivo
es encontrar el sol en tu mirada.
Es esperar con la mesa preparada,
con una cama en punto suspensivo.
Lo bueno del amor, es no buscarte
sabiendo que has de venir, sin que te llame
es creer que a pesar de ser infame
soy el héroe que a llegado a rescatarte.
Lo bueno del amor, es lo que esperas
de mí, por el resto de la vida.
Porque sabes que en el invierno, a cada herida
la he curado sembrando primaveras.
Lo bueno del amor, es estar lejos
sabiéndonos tan cerca, cada día
que a la distancia, la rompe una poesía
que a las lágrimas las secan, los espejos.
Lo bueno del amor, es que he venido
o que voy, sin sorpresas y sin dudas
y que nuestras sombras son dos penas mudas
cuando las separa un tren, que no ha salido.
Lo bueno del amor, es haber estado
como dos tontos en la casa equivocada
es entender que una luz, casi apagada
es una luz al fin, que ha encandilado.
Lo bueno del amor, es encontrarte
al final de todos los regresos.
Es recuperar de una vez, todos besos
y el tiempo que perdí... sin abrazarte.
Marino Fabianesi
es encontrar el sol en tu mirada.
Es esperar con la mesa preparada,
con una cama en punto suspensivo.
Lo bueno del amor, es no buscarte
sabiendo que has de venir, sin que te llame
es creer que a pesar de ser infame
soy el héroe que a llegado a rescatarte.
Lo bueno del amor, es lo que esperas
de mí, por el resto de la vida.
Porque sabes que en el invierno, a cada herida
la he curado sembrando primaveras.
Lo bueno del amor, es estar lejos
sabiéndonos tan cerca, cada día
que a la distancia, la rompe una poesía
que a las lágrimas las secan, los espejos.
Lo bueno del amor, es que he venido
o que voy, sin sorpresas y sin dudas
y que nuestras sombras son dos penas mudas
cuando las separa un tren, que no ha salido.
Lo bueno del amor, es haber estado
como dos tontos en la casa equivocada
es entender que una luz, casi apagada
es una luz al fin, que ha encandilado.
Lo bueno del amor, es encontrarte
al final de todos los regresos.
Es recuperar de una vez, todos besos
y el tiempo que perdí... sin abrazarte.
Marino Fabianesi