LO HARÉIS
Oh, si, lo haréis, claro que lo haréis
en los días huecos sin mañanas que os traigan las ilusiones nuevas
Lo haréis para cumplir los fatales
destinos anunciados por el cuervo
y las sagradas instrucciones que quedaron fijadas en palimpseptos inéditos
revocando aquellas otras que eran sólo fruto de los amores caducos.
Lo haréis, claro que lo haréis.
Serán mis huesos polvo ya en un tiempo que nacerá del futuro
y servirán hasta entonces de blasones o de feroces enseñas
empalizadas grotescas o apoyo transitorio a los nuevos arbolitos
Serán mis huesos que un día pasearon
los orgullos de mi estirpe y el amor a ti obligado
fémures, tibias, calcáneos a los que tú dabas sentido
Huesos como un corazón con sus latidos ausentes.
Huesos de ebúrnea claridad por tí inspirada.
Y vosotros los que no me conocistéis
habreis de transformarlos en bellas obras de arte.
Con vosotros se consumará mi superior destino
y el de ese amor que nunca me conoció.
Se consumará como vestidos anegados por las penas
como los trazados en el cielo de las nubes que torpemente
se dejan preñar de lluvias estériles.
Sobre jardines al borde del acantilado
me sembraréis deslumbrados
-polvo al polvo-
en la lontananza de horizontes florecidos por mármoles
que estaban destinados a ser huesos
-mis huesos-
y barcos de papel que volaron desde la manos de los niños
hasta los ruidosos atardeceres donde era imposible escuchar
la música de Bach.
Atardeceres cuajados de máquinas obsoletas
de yacijas apenas insinuadas para aquellos que no encuentran
lugar donde fundirse en amor
Atardeceres sin los colores lujosos de la heráldica
ni las insondables brumas donde se disuelven las aves.
Pero hemos de volver a mis huesos
aquellos que serán
-¿o tal vez lo sean ya?-
cenizas monocromas donde sea imposible escribir
el epitafio que te recuerde junto a mi amor que no fue.
Tanto sufrir
tan poco vivir
para ser tan sólo huesos...
Ilust.: “Antro de fósiles”. 1930. Maruja Mallo
Oh, si, lo haréis, claro que lo haréis
en los días huecos sin mañanas que os traigan las ilusiones nuevas
Lo haréis para cumplir los fatales
destinos anunciados por el cuervo
y las sagradas instrucciones que quedaron fijadas en palimpseptos inéditos
revocando aquellas otras que eran sólo fruto de los amores caducos.
Lo haréis, claro que lo haréis.
Serán mis huesos polvo ya en un tiempo que nacerá del futuro
y servirán hasta entonces de blasones o de feroces enseñas
empalizadas grotescas o apoyo transitorio a los nuevos arbolitos
Serán mis huesos que un día pasearon
los orgullos de mi estirpe y el amor a ti obligado
fémures, tibias, calcáneos a los que tú dabas sentido
Huesos como un corazón con sus latidos ausentes.
Huesos de ebúrnea claridad por tí inspirada.
Y vosotros los que no me conocistéis
habreis de transformarlos en bellas obras de arte.
Con vosotros se consumará mi superior destino
y el de ese amor que nunca me conoció.
Se consumará como vestidos anegados por las penas
como los trazados en el cielo de las nubes que torpemente
se dejan preñar de lluvias estériles.
Sobre jardines al borde del acantilado
me sembraréis deslumbrados
-polvo al polvo-
en la lontananza de horizontes florecidos por mármoles
que estaban destinados a ser huesos
-mis huesos-
y barcos de papel que volaron desde la manos de los niños
hasta los ruidosos atardeceres donde era imposible escuchar
la música de Bach.
Atardeceres cuajados de máquinas obsoletas
de yacijas apenas insinuadas para aquellos que no encuentran
lugar donde fundirse en amor
Atardeceres sin los colores lujosos de la heráldica
ni las insondables brumas donde se disuelven las aves.
Pero hemos de volver a mis huesos
aquellos que serán
-¿o tal vez lo sean ya?-
cenizas monocromas donde sea imposible escribir
el epitafio que te recuerde junto a mi amor que no fue.
Tanto sufrir
tan poco vivir
para ser tan sólo huesos...
Ilust.: “Antro de fósiles”. 1930. Maruja Mallo
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