Alan Gabriel
Poeta recién llegado
Tú nunca leerás estas palabras
sin reírte de mí alma.
¿Por qué cuentas cada verso de este poema
con amargura y desprecio?
Solo soy una estúpida espina clavada
en tus secos ojos,
sonríe con tu orgullo y déjame descansar en paz
de tu envenenado rostro.
Nunca comprenderás
los caminos de mi sufrimiento.