Lo que deja el olvido tras de sí

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
Era esencial seguir alimentando
la llama del tropiezo con el fin
de prevenir, usando lo aprendido,
la letal eclosión de mandatarios
dictaminando en contra del futuro;
pero a veces se adentra en el recuerdo,
vengándose por medio del olvido,
un moho que nos borra de la historia
su lado más violento: el que escupe
al mundo sus imágenes sangrantes.
Si la virtud ayer se sostenía
con inquisitoriales argumentos
y un olor repugnante, aunque divino,
como a bruja quemada el corazón
ceñía de las casas saturando
de escombros los paisajes, de abandono
el juego de los niños y de oscuro
vacío las miradas, hoy un tiempo
áspero las esclusas de la noche
vuelve a abrir y, como una mácula
en la vida, restaura la carcoma
irredenta del yerro donde imponen,
con el furor del bosque quemado,
sus lábaros letales las verdades
de la piel de serpiente, de la tripa
y del abrojo. Y otra vez, cautivos
y desarmados, nuestros propios restos
contemplamos apáticos sin darnos
cuenta de la querencia que el incierto
futuro manifiesta hacia la nada.
 
Era esencial seguir alimentando
la llama del tropiezo con el fin
de prevenir, usando lo aprendido,
la letal eclosión de mandatarios
dictaminando en contra del futuro;
pero a veces se adentra en el recuerdo,
vengándose por medio del olvido,
un moho que nos borra de la historia
su lado más violento: el que escupe
al mundo sus imágenes sangrantes.
Si la virtud ayer se sostenía
con inquisitoriales argumentos
y un olor repugnante, aunque divino,
como a bruja quemada el corazón
ceñía de las casas saturando
de escombros los paisajes, de abandono
el juego de los niños y de oscuro
vacío las miradas, hoy un tiempo
áspero las esclusas de la noche
vuelve a abrir y, como una mácula
en la vida, restaura la carcoma
irredenta del yerro donde imponen,
con el furor del bosque quemado,
sus lábaros letales las verdades
de la piel de serpiente, de la tripa
y del abrojo. Y otra vez, cautivos
y desarmados, nuestros propios restos
contemplamos apáticos sin darnos
cuenta de la querencia que el incierto
futuro manifiesta hacia la nada.
Muy filosófico, para leerlo mas de tres veces... por lo menos. Buenos versos Anna.

Saludos.
 

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