Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Sólo tú sabes mi verdadero nombre,
ese tan antiguo que el mundo se ha vuelto incapaz de pronunciar.
Y cuando aletea sobre tu lengua
lo hace también a través de todos los caminos de mi cuerpo,
a través de esas nuevas sendas que abriste y que se convirtieron en cicatrices.
Veo en tus ojos la reverberación de mis propias perversiones,
esa sombra violácea con mil lenguas y ochocientos dedos.
Y si de mi boca, ya inundada de tu aliento y tus venenos,
pudiese surgir algo ahora mismo
serían las plegarias obscenas que tatué sobre tu carne antes de tu nacimiento.
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