osis
Poeta fiel al portal
¡LO SIENTO
!
Algo me está rasgando por dentro
algo en mi se esta muriendo,
noto su comezón corriendo
por mi sangre, muy adentro.
Sé que ya llega el momento
de dejar atrás los tiempos,
¡Sé que me estoy muriendo!
por eso así, soy como brisa,
queriendo acabar los versos
que están en mis pensamientos,
quisiera dejar escritas todas
las palabras dichas al viento,
las que guardaba escondidas
y nunca dije, ¡eso es cierto!
decirle a él, que lo quería,
decirle a ella, ¡que lo siento!
no haber podido darles más
quizás, cariño o consuelo,
o de caricias un ciento.
¡Sé que me estoy muriendo!
y ya la luna no es igual
tampoco lo son los cielos,
y el día a día parece
tan solo un lento sueño,
ya mis ojos no verán crecer
las espigas del centeno,
ni verán la salida del sol
ni florecer con empeño
las rosas que yo adoraba,
y el aroma del espliego,
ni ver crecer aquel roble
que de niña, planto el abuelo,
ni navegar por esos mares
a bordo de un velero,
ni cruzar esas montañas
repletas de misterios,
¡sé que me estoy muriendo!
y ya no habrá mas libros
abiertos por aquel verso
ni plumas sobre papeles
ora callando ora escribiendo,
ni lagrimas mas profundas
que las de mis ojos secos.
Algo me está rasgando por dentro
algo en mi se esta muriendo,
noto su comezón corriendo
por mi sangre, muy adentro.
Sé que ya llega el momento
de dejar atrás los tiempos,
¡Sé que me estoy muriendo!
por eso así, soy como brisa,
queriendo acabar los versos
que están en mis pensamientos,
quisiera dejar escritas todas
las palabras dichas al viento,
las que guardaba escondidas
y nunca dije, ¡eso es cierto!
decirle a él, que lo quería,
decirle a ella, ¡que lo siento!
no haber podido darles más
quizás, cariño o consuelo,
o de caricias un ciento.
¡Sé que me estoy muriendo!
y ya la luna no es igual
tampoco lo son los cielos,
y el día a día parece
tan solo un lento sueño,
ya mis ojos no verán crecer
las espigas del centeno,
ni verán la salida del sol
ni florecer con empeño
las rosas que yo adoraba,
y el aroma del espliego,
ni ver crecer aquel roble
que de niña, planto el abuelo,
ni navegar por esos mares
a bordo de un velero,
ni cruzar esas montañas
repletas de misterios,
¡sé que me estoy muriendo!
y ya no habrá mas libros
abiertos por aquel verso
ni plumas sobre papeles
ora callando ora escribiendo,
ni lagrimas mas profundas
que las de mis ojos secos.