Fernando Oviedo
Mirando el cenit de hace medio día.
Insistencia de lárguida aroma en gotas, habladuría tirante, deliciosa, apretujada de sustantivos, donde terminan los tensiles de yemas en analítica mirada de palmas, mirones de reconcomios, de seguidilla frenética en tres tiempos de la ahora extrañada locura: desde adoquinados líticos, en eterna parada de plazoleta de bancos largos (¿hacia dónde irás con tus mundos/ en risa clara/ en varío/ en respiro abreviado?), hasta otros tres juegos de portón; de hasta otro creible manicomio, bajo farolas amarillas... ya vuelvo, inexorable como la sonrisa y el secreto de saberse cenitero.