Ibrahim Sadhid
Poeta recién nacido
Mira mis invidentes ojos,
piensa y dime lo que ves,
¿te confunde mi sonrisa?,
¡una risa glacial y sínica!
Tal vez.
Desde la profundidad de mi ser brota el caos,
estuve allí y estoy ahora,
en el nacimiento de la noche,
soy penumbra, oscuridad y espanto,
terror, muerte, lo más temible de tus pesadillas,
el que aguarda tu aurora,
soy tu suerte.
Vampiro de amor en tu entraña,
¡Oh! ¡beso de sangre que derramas!
demonios de lujurias que incitan,
las ganas de los beatos en las buhardillas,
tu dolor me produce placer infinito,
torturarte se me antoja exquisito,
Acaricio tu vientre calcinado,
muerdo tus labios de cenizas
en la noche delirante de estrellas,
en la morada infinita.
¡Ven! Mujer escarlata de mis sueños,
camina desnuda sobre las espigas,
¡Oh! Almas oscuras que se encuentran,
en la noche taciturna del gemido,
entre besos, llantos y alaridos,
¡enalteced a los dioses caídos!
en el silencio eterno de los siglos,
en la gótica noche de poetas recién nacidos.
Hoy mi alma acepta su destino,
¡Oh maestro!
¡Que corran todos ... los vinos!
piensa y dime lo que ves,
¿te confunde mi sonrisa?,
¡una risa glacial y sínica!
Tal vez.
Desde la profundidad de mi ser brota el caos,
estuve allí y estoy ahora,
en el nacimiento de la noche,
soy penumbra, oscuridad y espanto,
terror, muerte, lo más temible de tus pesadillas,
el que aguarda tu aurora,
soy tu suerte.
Vampiro de amor en tu entraña,
¡Oh! ¡beso de sangre que derramas!
demonios de lujurias que incitan,
las ganas de los beatos en las buhardillas,
tu dolor me produce placer infinito,
torturarte se me antoja exquisito,
Acaricio tu vientre calcinado,
muerdo tus labios de cenizas
en la noche delirante de estrellas,
en la morada infinita.
¡Ven! Mujer escarlata de mis sueños,
camina desnuda sobre las espigas,
¡Oh! Almas oscuras que se encuentran,
en la noche taciturna del gemido,
entre besos, llantos y alaridos,
¡enalteced a los dioses caídos!
en el silencio eterno de los siglos,
en la gótica noche de poetas recién nacidos.
Hoy mi alma acepta su destino,
¡Oh maestro!
¡Que corran todos ... los vinos!
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