Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Algo había allí.
Quizá la imaginación de una máquina
jugadora de ajedrez,
un sueño soñado por el fondo del río
con todo el trascurrir del cielo en sus entrañas
más desnudas, flotando.
Algo había;
algo que imitaba ser visible y lejano a la vez.
Ahí sucedimos tú y yo,
siempre cerca del principio,
todo el tiempo al final;
y al final, nunca, como todo.
Pero algo hubo.
Nuestra piel parecía nuestra;
también lo que llamábamos sombra;
todo lo que era luz
se podía nombrar con nuestros ojos.
Algo sucedía en nuestros ojos.
Tú eras como yo, pero hermosa.
Contigo era el vértigo
de siempre querer estar asomado
o cayendo en ti. No sé sabe.
Los inteligentes explicaron cosas como
apego, dopamina, estupidez.
Los poetas que todo lo enuncian como torbellino
nos ignoraron, pero yo no.
También quise bordar tu relieve
con cosas incompresibles,
pero se me acabaron las estrellas
y solo viví el asombro de presenciarte
mejor que tus espejos.
Hermosa
como la capacidad de decretar relámpagos
cuando preferías mirarme
y tu mirada sonaba como tu voz inapelable
en su verdad: Eres único.
Y te creí antes a que todas las estadísticas
y a todos los críticos de la vida.
Eres todo, Lidia. Allá, en todo, te espero
siempre contigo.
Quizá la imaginación de una máquina
jugadora de ajedrez,
un sueño soñado por el fondo del río
con todo el trascurrir del cielo en sus entrañas
más desnudas, flotando.
Algo había;
algo que imitaba ser visible y lejano a la vez.
Ahí sucedimos tú y yo,
siempre cerca del principio,
todo el tiempo al final;
y al final, nunca, como todo.
Pero algo hubo.
Nuestra piel parecía nuestra;
también lo que llamábamos sombra;
todo lo que era luz
se podía nombrar con nuestros ojos.
Algo sucedía en nuestros ojos.
Tú eras como yo, pero hermosa.
Contigo era el vértigo
de siempre querer estar asomado
o cayendo en ti. No sé sabe.
Los inteligentes explicaron cosas como
apego, dopamina, estupidez.
Los poetas que todo lo enuncian como torbellino
nos ignoraron, pero yo no.
También quise bordar tu relieve
con cosas incompresibles,
pero se me acabaron las estrellas
y solo viví el asombro de presenciarte
mejor que tus espejos.
Hermosa
como la capacidad de decretar relámpagos
cuando preferías mirarme
y tu mirada sonaba como tu voz inapelable
en su verdad: Eres único.
Y te creí antes a que todas las estadísticas
y a todos los críticos de la vida.
Eres todo, Lidia. Allá, en todo, te espero
siempre contigo.
28 de octubre de 2023
Última edición: