emiled
Poeta adicto al portal
El poeta es un príncipe, gran señor de las nubes;
cuya casa es el viento, que no teme al arquero.
Exiliado en la Tierra, entre el vil griterío,
sus dos alas de gigante le impiden andar
Charles Baudelaire
cuya casa es el viento, que no teme al arquero.
Exiliado en la Tierra, entre el vil griterío,
sus dos alas de gigante le impiden andar
Charles Baudelaire
Los amores de un condenado
I-
Cuando, hermosa niña, siento en las noches tus perfumes
me arrebatas; y el frenesí me apodera hasta enloquecerme.
Creo ver en tus ojos la lasciva mirada de un cruel demonio
que invita a gustar los encantos de placeres prohibidos.
Probar yo quisiera las delicias de tus frutos mas dulces,
de esos frutos que en el cielo nos esconden.
¡A ti, que tienes el poder de llevarme al lejano Edén!
Oh, deja que se aquiete el tiempo y muéstrame tus fulgores.
Así, cuando caiga ya sin fuerzas y extasiado en mi lecho,
pueda contarle al mundo de aquellas alejadas regiones
que pueblan los confines del misterio y que pocos conocen;
de aquéllos lugares en donde el amor es como el odio.
II-
Te amo más por ser malvada, hija de algún cruel demonio,
cuando en mi pecho descargas todas tus malicias.
Te amo cuando con furia acuchillas mi horrible corazón,
Y al escuchar la sangre caer retumbando como indolentes cascadas.
Y hoy, si quieres, como un vampiro cruel y sediento,
saciarte de los últimos vestigios que quedan de mi sangre,
¡Ven! Y apuñala a este joven corazón que ya está muerto;
a esta sombra que escribe desde los lúgubres valles de la muerte.
III-
¡No puedo escribir más sobre amores! Estoy condenado.
¿Y que he de hacer? ¡Es que estoy condenado!
Entonces, pequeña y bella demonia, cuando caiga el crepúsculo,
enséñame todo el amor que mata y que lleva al infierno.
Si eres tan malvada como hermosa ¿Eres ángel o demonio?
Bella como el alba; infernal y cruel como Lucifer.
¿Es que acaso tu maldad te dio esas terribles alas,
oh malvada, para que en tu vuelo seas como un ángel caído?
¡No puedo escribir más sobre amores! Estoy condenado.
¿Y que he de hacer? ¡Es que estoy condenado!
I-
Cuando, hermosa niña, siento en las noches tus perfumes
me arrebatas; y el frenesí me apodera hasta enloquecerme.
Creo ver en tus ojos la lasciva mirada de un cruel demonio
que invita a gustar los encantos de placeres prohibidos.
Probar yo quisiera las delicias de tus frutos mas dulces,
de esos frutos que en el cielo nos esconden.
¡A ti, que tienes el poder de llevarme al lejano Edén!
Oh, deja que se aquiete el tiempo y muéstrame tus fulgores.
Así, cuando caiga ya sin fuerzas y extasiado en mi lecho,
pueda contarle al mundo de aquellas alejadas regiones
que pueblan los confines del misterio y que pocos conocen;
de aquéllos lugares en donde el amor es como el odio.
II-
Te amo más por ser malvada, hija de algún cruel demonio,
cuando en mi pecho descargas todas tus malicias.
Te amo cuando con furia acuchillas mi horrible corazón,
Y al escuchar la sangre caer retumbando como indolentes cascadas.
Y hoy, si quieres, como un vampiro cruel y sediento,
saciarte de los últimos vestigios que quedan de mi sangre,
¡Ven! Y apuñala a este joven corazón que ya está muerto;
a esta sombra que escribe desde los lúgubres valles de la muerte.
III-
¡No puedo escribir más sobre amores! Estoy condenado.
¿Y que he de hacer? ¡Es que estoy condenado!
Entonces, pequeña y bella demonia, cuando caiga el crepúsculo,
enséñame todo el amor que mata y que lleva al infierno.
Si eres tan malvada como hermosa ¿Eres ángel o demonio?
Bella como el alba; infernal y cruel como Lucifer.
¿Es que acaso tu maldad te dio esas terribles alas,
oh malvada, para que en tu vuelo seas como un ángel caído?
¡No puedo escribir más sobre amores! Estoy condenado.
¿Y que he de hacer? ¡Es que estoy condenado!