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Los amores que se rinden

Rey de la Patagonia

Poeta adicto al portal
Los amores que se rinden, vagan por el mundo​
como almas que no esperaban la muerte.

La ilusión es al alma como al hombre la esperanza.​

Y vagan, como perros callejeros sin dueño,
transformando su mirada iluminada de antaño,​
al ámbar de la lastima, matizada de abandono,​
y llena de miles de calles, que no tienen sentido​
inundada de caras deformes que los ojos​
se niegan a dibujar.

Están en la laderas de las montañas, donde​
juntan sus miradas solitarias,​
y cantan y cantan su lamento fluvial.

Colmando las nubes con sus lágrimas,​
pintando de su color al cielo​
de la tarde por llover.

Con la nostalgia precisa,​
conteniendo la pena de un alma sin cuerpo,
de un corazón vacío, dispuesto a llorar,​
para siempre.

Los amores que se rinden,​
decoran los atardeceres del otoño y el arrullo matinal​
de una mañana lluviosa,
llena de tanta verdad,
hastiada de soledad,
preñando la implacable primavera de​
esperanzas y de seguro llegará.

Y habrá soledad y habrá flores llenas de dolor,​
llena de los mismos colores que el invierno en su éxtasis,
dejo en los ojos que soñaban,​
en los que miraban al vacío desde su ventana.

Los mismos que ahora no te ven,
los mismos que lucen las cuencas en tu olvido,
con la mismas sombras que pinta el tiempo,
en los parpados para ti.

Los que acudirán al llamado de la ladera de montaña,​
para aportar al cortejo de otros como nosotros,​
para colmar la nubes con sus lágrimas,​
para aglomerar el llanto,​
y llover juntos el dolor de la condena,​
tanto como se pueda,​
hasta que venga​
el sol que nos llena de esperanza nueva​
y queden solo los sollozos,
en difusas nubes del abandono.

Se rinde el amor y me quita la mañana que no existe.

Se rinde el amor y te niegas a ti misma la ilusión,​
de estos ojos que mueren por tu amor.

Te rindes y me llevas contigo a la ladera de montaña,​
a saciarme de dolor y a colmar las nubes con lágrimas,​
a ser parte del coro fluvial para aglomerar la lluvia​
y llorar todos juntos.

Sepultado en el otoño eterno, me dejaste,​
más vuelves con tu sol a iluminar mi sepulcro,​

y muerto como estoy , yo…

siento tu calor y siento que la carne vuelve a mi huesos,​
siento el aliento vital de la resurrección.

Y vuelves a llenar la cuencas de los ojos , con vida,​
vuelves a pintar flores donde no existen,​
vuelves poner el mar en su lugar y la lluvia ,​
¡ es solo lluvia! , solo lluvia.

Y me bajas de la ladera a habitar el mundo de vivos,

¡ yo no estoy muerto , No¡

Yo , no soy parte del coro fluvial,
no soy parte de los muertos que colman las nubes con sus lágrimas.

Yo soy una pequeña parte de ti.
Yo soy un no sé,​
yo soy de aquellos que creen que la vida puede existir,​
después de una muerte tan violenta.​
Yo soy el que puede hacer llover en tus ojos otra vez.​
 
Última edición:
Los amores que se rinden, vagan por el mundo

como almas que no esperaban la muerte.



La ilusión es al alma como al hombre la esperanza.


Y vagan, como perros callejeros sin dueño,


transformando su mirada iluminada de antaño,

al ámbar de la lastima, matizada de abandono,

y llena de miles de calles, que no tienen sentido

inundada de caras deformes que los ojos

se niegan a dibujar.



Están en la laderas de las montañas, donde

juntan sus miradas solitarias,

y cantan y cantan su lamento fluvial.



Colmando las nubes con sus lágrimas,

pintando de su color al cielo

de la tarde por llover.



Con la nostalgia precisa,

conteniendo la pena de un alma sin alma,

de un corazón vacío, dispuesto a llorar,

para siempre.



Los amores que se rinden,

decoran los atardeceres del otoño y el arrullo matinal

de una mañana lluviosa,
llena de tanta verdad,


hastiada de soledad,


preñando la implacable primavera de

esperanzas y de seguro llegará.



Y habrá soledad y habrá flores llenas de dolor,

llena de los mismos colores que el invierno en su éxtasis,


dejo en los ojos que soñaban,

en los que miraban al vacío desde su ventana.



Los mismos que ahora no te ven,


los mismos que lucen las cuencas en tu olvido,


con la mismas sobras que pinta el tiempo,

en los parpados para ti.



Los que acudirán al llamado de la ladera de montaña,

para aportar al cortejo de otros como nosotros,

para colmar la nubes con sus lágrimas,

para aglomerar el llanto,

y llover juntos el dolor de la condena,

tanto como se pueda,

hasta que venga

el sol que nos llena de esperanza nueva

y queden solo los sollozos,
en difusas nubes del abandono.



Se rinde el amor y me quita la mañana que no existe.



Se rinde el amor y te niegas a ti misma la ilusión,

de estos ojos que mueren por tu amor.



Te rindes y me llevas contigo a la ladera de montaña,

a saciarme de dolor y a colmar las nubes con lágrimas,

a ser parte del coro fluvial para aglomerar la lluvia

y llorar todos juntos.



Sepultado en el otoño eterno, me dejaste,

más vuelves con tu sol a iluminar mi sepulcro,


y muerto como estoy , yo…



siento tu calor y siento que la carne vuelve a mi huesos,

siento el aliento vital de la resurrección.



Y vuelves a llenar la cuencas de los ojos , con vida,

vuelves a pintar flores donde no existen,

vuelves poner el mar en su lugar y la lluvia ,

¡ es solo lluvia! , solo lluvia.



Y me bajas de la ladera a habitar el mundo de vivos,



¡ yo no estoy muerto , No¡



Yo , no soy parte del coro fluvial,


no soy parte de los muertos que colman las nubes con sus lágrimas.



Yo soy una pequeña parte de ti.


Yo soy un no sé,

yo soy de aquellos que creen que la vida puede existir,

después de una muerte tan violenta.

Yo soy el que puede hacer llover en tus ojos otra vez.

Apreciado Poeta, Rey: En esta noche algo lluviosa buscaba algo de luz en unas líneas y me he encontrado con su escrito, es profundamente melancólico y conmovedor "amores que se rinden". Pienso que son dos voluntades las que lograrían que el amor no se perdiese entre ambas almas. Es hermoso saber que sí existe el amor que no conoce el final. Grato leer su inspiración, gracias por compartir. Reciba mi saludo afectuoso y un cálido abrazo. Enhorabuena.
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