solano b
Poeta recién llegado
Los ángeles del amor ignoran
la batalla de olvidar,
no es su meta,
sólo saben reír por amor
y soñar
con el aroma de la demencial
primavera.
Juntos van de la mano del cielo
otorgando el perdón y el consuelo,
la inmarcesible piedad
al viajero,
y no decantan hacia el abismo
donde mueren las caricias
del fuego.
Sólo los de carne y hueso
conocen la ardua lucha
del olvido,
la lágrima de angustia
cercando la mañana
y su veloz y fulgurante
cuchillo.
Sólo los de carne y hueso
soportan la carretera luenga
del abismo,
y sus innumerables tragedias,
y su apetito en el beso
desmedido.
Los ángeles del amor desconocen
el latido hinchiendo el corazón,
y como un ancla en la incertidumbre,
la esperanza ciega
por encontrar la compañía
en donde sólo existe
la agria deforestación.
El dolor de la ausencia al voltear
hacia un lado del lecho
y no encontrar al ser amado
porque en la cripta del tiempo
duerme encadenado.
Ellos no caen nunca
desde su lejano altar,
en su seno todo es lo mismo
desde la propia eternidad;
y observan desde lejos encongiendo
sus hombros de sonidos.
Y no se atreven a juzgar
el llanto incomprensible del olvido.
la batalla de olvidar,
no es su meta,
sólo saben reír por amor
y soñar
con el aroma de la demencial
primavera.
Juntos van de la mano del cielo
otorgando el perdón y el consuelo,
la inmarcesible piedad
al viajero,
y no decantan hacia el abismo
donde mueren las caricias
del fuego.
Sólo los de carne y hueso
conocen la ardua lucha
del olvido,
la lágrima de angustia
cercando la mañana
y su veloz y fulgurante
cuchillo.
Sólo los de carne y hueso
soportan la carretera luenga
del abismo,
y sus innumerables tragedias,
y su apetito en el beso
desmedido.
Los ángeles del amor desconocen
el latido hinchiendo el corazón,
y como un ancla en la incertidumbre,
la esperanza ciega
por encontrar la compañía
en donde sólo existe
la agria deforestación.
El dolor de la ausencia al voltear
hacia un lado del lecho
y no encontrar al ser amado
porque en la cripta del tiempo
duerme encadenado.
Ellos no caen nunca
desde su lejano altar,
en su seno todo es lo mismo
desde la propia eternidad;
y observan desde lejos encongiendo
sus hombros de sonidos.
Y no se atreven a juzgar
el llanto incomprensible del olvido.