Los años con silencio-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo, que me he vaciado en cada instante,

bajado a todas las ciénagas insoportables

tenido a bien ponerme la máscara de mármol

de todas las estrellas estelares, convencido al

dios de los cristianos a rebelarse tumultuosamente

y conversado en fin, con la demasiada luna que hay

en el mundo; tocado el firmamento con las yemas instantáneas

de un beso inundado de fiebre, derribado el rostro

hasta dejarlo en puro hueso, ahusado. Vomitado

en cada estación de paso, el plumón de mi alimento

de ave. Tengo entre los dedos la llave de mi muerte,

el silencio de los ojos, la razón de los pájaros, la febril

incandescencia de los labios, la corriente que aniquila

la puesta de largo de los hombres. Hay aquí una serpiente

de todas las edades, un pequeño siglo de podredumbre partido,

un señuelo de raíces ignorantes de su subversión, un augusto

término de narices descontroladas. Donde agujereo la física

de los ángeles y meticulosamente añado divinos ojos terribles,

donde como de la mano de mi padre, castigado por años de desidia,

perezoso de todos los inventos: hay aquí, una justa dosis
de minúsculas sustancias amarillas, de tiernos vegetales,

de raíces acostadas contra un muro de plegarias.

Y observo, la memoria sustanciada de los trajes de ópera,

los anillos prudentes del cetrero, la vertiginosa calleja

de los años con silencio. ©
 
Yo, que me he vaciado en cada instante,

bajado a todas las ciénagas insoportables

tenido a bien ponerme la máscara de mármol

de todas las estrellas estelares, convencido al

dios de los cristianos a rebelarse tumultuosamente

y conversado en fin, con la demasiada luna que hay

en el mundo; tocado el firmamento con las yemas instantáneas

de un beso inundado de fiebre, derribado el rostro

hasta dejarlo en puro hueso, ahusado. Vomitado

en cada estación de paso, el plumón de mi alimento

de ave. Tengo entre los dedos la llave de mi muerte,

el silencio de los ojos, la razón de los pájaros, la febril

incandescencia de los labios, la corriente que aniquila

la puesta de largo de los hombres. Hay aquí una serpiente

de todas las edades, un pequeño siglo de podredumbre partido,

un señuelo de raíces ignorantes de su subversión, un augusto

término de narices descontroladas. Donde agujereo la física

de los ángeles y meticulosamente añado divinos ojos terribles,

donde como de la mano de mi padre, castigado por años de desidia,

perezoso de todos los inventos: hay aquí, una justa dosis
de minúsculas sustancias amarillas, de tiernos vegetales,

de raíces acostadas contra un muro de plegarias.

Y observo, la memoria sustanciada de los trajes de ópera,

los anillos prudentes del cetrero, la vertiginosa calleja

de los años con silencio. ©
Observar la memoria, dar paso al pasado y extenter esos
espacios para demostrar que la incandescencia busca. es
todo el poema como un placer derramado del alma, una
ceremonia intensa e intima. felicidades. saludos amables
de luzyabsenta
 

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