sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los besos se contaminaban de palabras que hacían rampas hasta un nuevo oscurecer, así se devolvían las arenas del tiempo en un mundo sin calma, se apagaban las ideas, se cicatrizaban sus heridas, las del tiempo, y la calma se devolvía a su amanecer, era como si los puentes se hundíeran hasta quemarse entre tormentas rojas y dañinas, porque de los monasterios se harían encharcar las ideas cada una de un signo, el horoscopal, así como de llamas se alzaban cada secuestro, que ardía en los ojos de cristales, para adormecer el ritmo y estancar a los villanos, que querían robar las estructuras de los mapas, esos que se acompañaban de cada alucinación para derramar su propia sangre que querían todos los espíritus que fuera restringida, para que solo tuvieran acceso limitado los que veían al alba cruzarse con ese monasterio encantado.
Última edición: