elbosco
Poeta fiel al portal
Los bigotes de Groucho Marx siempre me habían inquietado, hasta que descubrí que eran falsos: Estaban pintados. El hallazgo me hizo reir, pero también reflexionar. Hoy en día, cuando massivo se centra en la verosimilitud y el efectismo que puede lograrse con el artificio realista. Se invierten millonarios presupuestos para satisfacer ese afán por el realismo que impacta y sorprende al espectador, asumiendo que es una condición fundamental exigida por que el espectador conceda crédito a una historia. Complejos y elaborados efectos especiales, escenografías, maquetaciones digitales, formidables explosiones, y caracterizaciones que recurren a las más radicales transformaciones físicas de los intérpretes. Pero ahí está Groucho con sus bigotes pintados, haciéndonos aceptar ese universo en el que todos ven pelos donde hay betún. Una historia no necesita de efectos especiales para ser creíble, ni para ser gozada. Groucho y sus bigotes nos recuerdan que en el cine, así como en el teatro y en el arte en general, lo esencial trasciende a la forma.
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Fernando Marco Sassone
17 de diciembre de 2007
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