Sergio Delgado
Poeta recién llegado
Soplaba un viento fuerte,
parecía que se habían escapado todos los seres oscuros,
los habitantes de la nada,
ellos vivían en un extraño lugar,
se arremolinaban buscando esa puerta,
con angustia muy cerca de los abismos,
de los infiernos vivos del planeta,
aquellos que guardan a los condenados,
aquellos que gimen en las noches,
gritos terribles se escuchan en las noches de Luna,
cerca de los desiertos,
en ese lugar donde la vida es casi una muerte silenciosa,
Un sol escarlata se alza frente a mi vista,
sólo se escucha el sonido del viento,
tan seco, tan muerto
la vida parece escapar de ese lugar maldito.
Sólo la puerta tiene un extraño sonido,
y ella está cerca del abismo,
ellos, los sin rostro están a la espera del código,
el ansiado número,
ellos viven en ese umbral,
a la espera,
miles de siglos han esperado,
sus gritos y lamentos de ánimas en pena son prolongados,
ellos saben que es muy difícil producir la extraña vibración,
realizarla con cánticos de dolor,
a pesar de todo esperan, creen en la casualidad para hacerlo,
por eso sus rezos y letanías se confunden con sus gritos de suplicio,
con la idea de traspasar a tu mundo,
a nuestro mundo,
a ese de la cotidianidad y la realidad,
para tomar posesión de él,
por eso esperan en el umbral pacientemente,
muy cerca del abismo.
parecía que se habían escapado todos los seres oscuros,
los habitantes de la nada,
ellos vivían en un extraño lugar,
se arremolinaban buscando esa puerta,
con angustia muy cerca de los abismos,
de los infiernos vivos del planeta,
aquellos que guardan a los condenados,
aquellos que gimen en las noches,
gritos terribles se escuchan en las noches de Luna,
cerca de los desiertos,
en ese lugar donde la vida es casi una muerte silenciosa,
Un sol escarlata se alza frente a mi vista,
sólo se escucha el sonido del viento,
tan seco, tan muerto
la vida parece escapar de ese lugar maldito.
Sólo la puerta tiene un extraño sonido,
y ella está cerca del abismo,
ellos, los sin rostro están a la espera del código,
el ansiado número,
ellos viven en ese umbral,
a la espera,
miles de siglos han esperado,
sus gritos y lamentos de ánimas en pena son prolongados,
ellos saben que es muy difícil producir la extraña vibración,
realizarla con cánticos de dolor,
a pesar de todo esperan, creen en la casualidad para hacerlo,
por eso sus rezos y letanías se confunden con sus gritos de suplicio,
con la idea de traspasar a tu mundo,
a nuestro mundo,
a ese de la cotidianidad y la realidad,
para tomar posesión de él,
por eso esperan en el umbral pacientemente,
muy cerca del abismo.