carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bendita boca tiene el que lee de los teleprompters.
El que tiene ojitos verdes, charisma de labios,
y es blanco y se encobarta,
y su voz modulada valida
las intensidades gratas de lo calculado,
falsamente neutro y digerido.
Da la confianza a quien escucha y mira,
credibilidad por lo que dice aunque sea
el Día del Inocente y la Santa Patraña.
Quien no ofende a Dios ni al Diablo
al noticierista se parece. Con multinacionales
de la comunicación conserva sus colmillos.
Su sueldo, su trabajo.
Atemporal emisario en medio de este mundo
será: por cuanto el mundo es...
cruel, brutal, impiadoso, corrupto,
manglar que apesta por mundano,
hervor que hierve con pánico del Hades.
Santificados los exorcistas de la tele
que todo lo respaldan con vídeo y estadísticas.
Que todo te lo advierten para que no sientas
culpa ni miedo ni tirria
ni te aburras.
Aún para el sinsentido destapan la evidencia.
Se inventan humor sano. Te informan
para que sea tu bosquejo de mundo
no una pesadilla. Te haces inmune.
Santificada sea la libre expresión.
Ellos globalizan el misterio del poder.
Lo cercano sonará como distante y lo lejano
tan próximo, a la mano; ellos calman el temor,
espantan la muerte, nos reposan, nos llenan
de la adicción de oírlos; piensan por nosotros
y nos consuelan, porque ya no sabemos
pensar ni consolarnos...
Bendita esa prudencia civilizadora del progreso
y la tecnología que al mundo libre exculpa y tranquiliza.
Lo inhumano lo juntan con las divas divinas
y los niños inocentes. Con palabras no existe
ni guerra que sea temible ni imperialismo
que sea culpable. Todo está bien.
Sintonice mañana y buenas noches.
De «Yo soy la muerte»
El que tiene ojitos verdes, charisma de labios,
y es blanco y se encobarta,
y su voz modulada valida
las intensidades gratas de lo calculado,
falsamente neutro y digerido.
Da la confianza a quien escucha y mira,
credibilidad por lo que dice aunque sea
el Día del Inocente y la Santa Patraña.
Quien no ofende a Dios ni al Diablo
al noticierista se parece. Con multinacionales
de la comunicación conserva sus colmillos.
Su sueldo, su trabajo.
Atemporal emisario en medio de este mundo
será: por cuanto el mundo es...
cruel, brutal, impiadoso, corrupto,
manglar que apesta por mundano,
hervor que hierve con pánico del Hades.
Santificados los exorcistas de la tele
que todo lo respaldan con vídeo y estadísticas.
Que todo te lo advierten para que no sientas
culpa ni miedo ni tirria
ni te aburras.
Aún para el sinsentido destapan la evidencia.
Se inventan humor sano. Te informan
para que sea tu bosquejo de mundo
no una pesadilla. Te haces inmune.
Santificada sea la libre expresión.
Ellos globalizan el misterio del poder.
Lo cercano sonará como distante y lo lejano
tan próximo, a la mano; ellos calman el temor,
espantan la muerte, nos reposan, nos llenan
de la adicción de oírlos; piensan por nosotros
y nos consuelan, porque ya no sabemos
pensar ni consolarnos...
Bendita esa prudencia civilizadora del progreso
y la tecnología que al mundo libre exculpa y tranquiliza.
Lo inhumano lo juntan con las divas divinas
y los niños inocentes. Con palabras no existe
ni guerra que sea temible ni imperialismo
que sea culpable. Todo está bien.
Sintonice mañana y buenas noches.
De «Yo soy la muerte»
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