Inteligentes y perversos son los discordiopes, que atacan a las bellas damas de finas curvas, caras tibias y suaves como un bizcochito. Vorazmente mastican sus finas partes y las destruyen hasta quedar solo migajas. A ellas les gusta eso, sentir el diente amarillo-verdoso de su discordiope. De preferencia, con un cafecito con leche.
Las tostadas las ven con un poco de envidia. Ellas son ásperas y siempre dejan restos en las comisuras; cosa que fastidia a los discordiopes, ya que ellos son ambiciosos y redondos. A ellas las parten, las mojan y las humillan. Quieren dar todo de sí pero su borde resulta inaceptable para los discordiopes que solo echan en su plano cuerpo a alguna extraña y odiosa manteca o conserva, que de por sí, son insoportables.
Las tostadas las ven con un poco de envidia. Ellas son ásperas y siempre dejan restos en las comisuras; cosa que fastidia a los discordiopes, ya que ellos son ambiciosos y redondos. A ellas las parten, las mojan y las humillan. Quieren dar todo de sí pero su borde resulta inaceptable para los discordiopes que solo echan en su plano cuerpo a alguna extraña y odiosa manteca o conserva, que de por sí, son insoportables.