Álex Hernández
Poeta recién llegado
Nos hemos vuelto el recuerdo de un recuerdo.
Y no somos capaces de admitir, que nos odiamos.
Que nos odiamos, por no intentarlo.
Por buscar culpables, y tener que elegir como niño elige a un juguete de la repisa.
Tener que elegir, personas favoritas. ¡Y no es justo! Porque hay quien nos ama y admira, con tanta pureza, que no somos capaces de verles a los ojos.
Nos encanta hacernos los locos, y no ver nada.
Nos encanta hacernos los sordos, y no sentir nada.
No sentir, que el amor que se nos entrega, se nos da con tanto gusto, que al final, si es correspondido, o no, importa poco. Porque les da gusto querernos, a tal punto, de dejar de ser quien son.
Estamos tan ocupados siendo quien no somos,
para agradarles a quien, no son más que el reflejo de una sociedad, donde sentirse con la libertad, de elegir nuestras decisiones, es ser rebelde.
Y a menudo me pregunto, ¿Todo esto importa?
En realidad, ¿Es importante utilizar máscaras frente a una multitud?
Vivimos en un constante miedo, disfrazado de comodidad.
Y no hacemos más que evadir el problema, y decir: “Tal vez luego”.
Nos duele despertarnos por la mañana, y sentir que los bolsillos están completamente vacíos. Tener que trabajar, y ser presos de un papel, que es más valioso que nuestras vidas. Que nuestra felicidad. Y buscamos la comodidad en la ignorancia. Y nos hacemos creer, que seguir siendo ciegos, es la decisión más sensata.
¿Qué harías si no tuvieras miedo de perderlo todo?
De perder tu empleo, que te quita más de 8 horas diarias, y te deja sin aliento al final de la semana.
Lo dejaría todo.
Dejaría el colegio,
dejaría de escribir,
dejaría de comer,
dejaría de ser empleado de quien se enriquece más, por el trabajo que hago.
Lo dejaría todo, por sentirme con la libertad de elegir, si trabajar por dinero, vale realmente la pena, para dejar correr el tiempo, y mirarme viejo cada que me arreglo para ir al trabajo.
Si te sientes cansado, te entiendo. De no ser correspondido. De no saber qué hacer, si no hay empleo. De amar demasiado, para que al final, nada de eso importe.
Disfrutar del tiempo que nos queda, sería la manera de vivir sin la presión del mundo en nuestros hombros. Sin tener que preocuparnos por las deudas, y vivir de la música. Del arte. De todo eso que nos motive, a seguir despiertos.
No gastes un día más, en algo que no te mueve. Que ni todo el dinero del mundo, nos va a regresar, tantos años de juventud desperdiciada. Ojala y no sea tarde, para que cuando nos veamos al espejo, veamos más que un rosto cansado. Más que cicatrices en la negrura de los ojos… Vive, y amate sobre todo.
— Álex Hernández, los inhumanos.
Y no somos capaces de admitir, que nos odiamos.
Que nos odiamos, por no intentarlo.
Por buscar culpables, y tener que elegir como niño elige a un juguete de la repisa.
Tener que elegir, personas favoritas. ¡Y no es justo! Porque hay quien nos ama y admira, con tanta pureza, que no somos capaces de verles a los ojos.
Nos encanta hacernos los locos, y no ver nada.
Nos encanta hacernos los sordos, y no sentir nada.
No sentir, que el amor que se nos entrega, se nos da con tanto gusto, que al final, si es correspondido, o no, importa poco. Porque les da gusto querernos, a tal punto, de dejar de ser quien son.
Estamos tan ocupados siendo quien no somos,
para agradarles a quien, no son más que el reflejo de una sociedad, donde sentirse con la libertad, de elegir nuestras decisiones, es ser rebelde.
Y a menudo me pregunto, ¿Todo esto importa?
En realidad, ¿Es importante utilizar máscaras frente a una multitud?
Vivimos en un constante miedo, disfrazado de comodidad.
Y no hacemos más que evadir el problema, y decir: “Tal vez luego”.
Nos duele despertarnos por la mañana, y sentir que los bolsillos están completamente vacíos. Tener que trabajar, y ser presos de un papel, que es más valioso que nuestras vidas. Que nuestra felicidad. Y buscamos la comodidad en la ignorancia. Y nos hacemos creer, que seguir siendo ciegos, es la decisión más sensata.
¿Qué harías si no tuvieras miedo de perderlo todo?
De perder tu empleo, que te quita más de 8 horas diarias, y te deja sin aliento al final de la semana.
Lo dejaría todo.
Dejaría el colegio,
dejaría de escribir,
dejaría de comer,
dejaría de ser empleado de quien se enriquece más, por el trabajo que hago.
Lo dejaría todo, por sentirme con la libertad de elegir, si trabajar por dinero, vale realmente la pena, para dejar correr el tiempo, y mirarme viejo cada que me arreglo para ir al trabajo.
Si te sientes cansado, te entiendo. De no ser correspondido. De no saber qué hacer, si no hay empleo. De amar demasiado, para que al final, nada de eso importe.
Disfrutar del tiempo que nos queda, sería la manera de vivir sin la presión del mundo en nuestros hombros. Sin tener que preocuparnos por las deudas, y vivir de la música. Del arte. De todo eso que nos motive, a seguir despiertos.
No gastes un día más, en algo que no te mueve. Que ni todo el dinero del mundo, nos va a regresar, tantos años de juventud desperdiciada. Ojala y no sea tarde, para que cuando nos veamos al espejo, veamos más que un rosto cansado. Más que cicatrices en la negrura de los ojos… Vive, y amate sobre todo.
— Álex Hernández, los inhumanos.