César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las/los sesenta-y-1 de la madrugada empuñaron sus cafés, mates, tilos, tés calientes
al unísono
entre los pliegues de batas y la semidesnudez
casi a oscuras
casi a oscuras el ruido
para brindar feraces por las oleadas inescrutables de vida
en lancetas
que los traspasaban abriéndoles los ojos
el músculo y la fibra oculta.
Eran desde las tres hasta las siete en esta parte del mundo
las luciérnagas del amanecer, multicolores
in-formes
yo andaba entre ellos-ellas como un moscardón dorado
hambriento entre las maravillas.
Se coló el amor -como siempre lo hace-
y ejerció desde ahora el liderazgo
blandiendo no una flauta, sino la armónica
de los compases alegres o tristísimos en las palmadas
fascinante
colmándonos del hielo-fuego que es su esencia
arrebatándonos de los 60-y-un mundos transuniversales que éramos
congregándonos.
Las tazas-copas lanzaron sus líquidos al infinito
en un "salud" glorioso
desde sesenta y una almas extáticas
que leían, escribían, sumergían miembros,
libaban borbotones y se transfiguraban eternas
en la fuerza incontenible, inefable
el amor.
Enero y versos/César Guevara/2014
al unísono
entre los pliegues de batas y la semidesnudez
casi a oscuras
casi a oscuras el ruido
para brindar feraces por las oleadas inescrutables de vida
en lancetas
que los traspasaban abriéndoles los ojos
el músculo y la fibra oculta.
Eran desde las tres hasta las siete en esta parte del mundo
las luciérnagas del amanecer, multicolores
in-formes
yo andaba entre ellos-ellas como un moscardón dorado
hambriento entre las maravillas.
Se coló el amor -como siempre lo hace-
y ejerció desde ahora el liderazgo
blandiendo no una flauta, sino la armónica
de los compases alegres o tristísimos en las palmadas
fascinante
colmándonos del hielo-fuego que es su esencia
arrebatándonos de los 60-y-un mundos transuniversales que éramos
congregándonos.
Las tazas-copas lanzaron sus líquidos al infinito
en un "salud" glorioso
desde sesenta y una almas extáticas
que leían, escribían, sumergían miembros,
libaban borbotones y se transfiguraban eternas
en la fuerza incontenible, inefable
el amor.
Enero y versos/César Guevara/2014