Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
La rima más hermosa que compuse
la escribí en tus labios,
en una noche de domingo mientras nos besamos
y sentí que el cielo se abría ante mí,
aún no existían los monstruos que nos inventamos.
Nunca nos negamos tanto para darnos tan poco
y si atrasamos algún abrazo,
seguramente fue algún tema de locos.
No existían los monstruos con los que hay que convivir,
esta casa es tan aburrida desde que no nos amamos
y el invierno quiere ser verano
porque no se sabe divertir.
Nos llamamos por el nombre
porque eso de amor y cariño ya no van,
yo sin tus besos ya no me siento un hombre
y mis manos sin tu piel, no tienen nada que tocar.
Nos inventamos tantos monstruos que viven en la cama
y que duermen con nosotros desde hace meses,
estoy seguro que ningún mar tuvo tanta calma
como el que tienes tú desde que no me quieres.
La última vez que nos cantamos algo al oído
aún no inventaban el reggaetón,
y nos hablábamos de amor bajo la lluvia
acelerando al corazón.
Inventamos tantos monstruos que no existían,
la pereza, el mal genio, la rutina,
el buenas noches y el despertarnos sin un buen día,
tantos monstruos que ya no pagan alquiler,
son inquilinos y casi dueños
de los odios que no nos dejan crecer.
la escribí en tus labios,
en una noche de domingo mientras nos besamos
y sentí que el cielo se abría ante mí,
aún no existían los monstruos que nos inventamos.
Nunca nos negamos tanto para darnos tan poco
y si atrasamos algún abrazo,
seguramente fue algún tema de locos.
No existían los monstruos con los que hay que convivir,
esta casa es tan aburrida desde que no nos amamos
y el invierno quiere ser verano
porque no se sabe divertir.
Nos llamamos por el nombre
porque eso de amor y cariño ya no van,
yo sin tus besos ya no me siento un hombre
y mis manos sin tu piel, no tienen nada que tocar.
Nos inventamos tantos monstruos que viven en la cama
y que duermen con nosotros desde hace meses,
estoy seguro que ningún mar tuvo tanta calma
como el que tienes tú desde que no me quieres.
La última vez que nos cantamos algo al oído
aún no inventaban el reggaetón,
y nos hablábamos de amor bajo la lluvia
acelerando al corazón.
Inventamos tantos monstruos que no existían,
la pereza, el mal genio, la rutina,
el buenas noches y el despertarnos sin un buen día,
tantos monstruos que ya no pagan alquiler,
son inquilinos y casi dueños
de los odios que no nos dejan crecer.