LOS OTROS
Vedlos.
Escuchad sus pasos oxidados
descendiendo de los altos riscos empenachados
que disputan sus querencias a las águilas.
Miradlos.
Llegan como insectos en plaga
sus pies lacerados regando con pus y sangre
los caminos que otros trazaron por ellos.
Llegan desde el monte arisco,
desde los surcos sin origen de los campos labrantíos.
Llegan llevando sobre lo que en el hombre son hombros
-en ellos son cerviz para su yugo ineludible-
los pecios de sus destinos naufragados.
.
Llegan como falenas cegadas
que acabarán siendo llamas sobre la llama que atrae.
Llegan desde los mares sangrientos con su sangre
buscando un alma una tierra un árbol que les guarezca.
Traen su idioma repudiado por infecto
traen sus costumbres añejas su barbarie.
Vienen desde la desolación antigua
para llegar a esta desesperación nueva.
Son los otros.
Y, sin embargo, traen limpieza en sus miradas
que pronto se ensuciará con el odio del vencido
traen la consciente dignidad del que es humano
que mañana trocarán por la indignidad de la bestia.
Los otros buscan desde sus manos llagadas
otras manos donde beber un latido de hombre
ensordecidos para siempre por el trueno de las bombas
buscan la paz de un silencio
que no sea el silencio de los muertos.
Llegan. Vedlos. Son los otros
Desde la altura de nuestra muralla
contemplemos sus despojos.
Sólo una lágrima nuestra
puede calmarles
la sed.
Escuchad sus pasos oxidados
descendiendo de los altos riscos empenachados
que disputan sus querencias a las águilas.
Miradlos.
Llegan como insectos en plaga
sus pies lacerados regando con pus y sangre
los caminos que otros trazaron por ellos.
Llegan desde el monte arisco,
desde los surcos sin origen de los campos labrantíos.
Llegan llevando sobre lo que en el hombre son hombros
-en ellos son cerviz para su yugo ineludible-
los pecios de sus destinos naufragados.
.
Llegan como falenas cegadas
que acabarán siendo llamas sobre la llama que atrae.
Llegan desde los mares sangrientos con su sangre
buscando un alma una tierra un árbol que les guarezca.
Traen su idioma repudiado por infecto
traen sus costumbres añejas su barbarie.
Vienen desde la desolación antigua
para llegar a esta desesperación nueva.
Son los otros.
Y, sin embargo, traen limpieza en sus miradas
que pronto se ensuciará con el odio del vencido
traen la consciente dignidad del que es humano
que mañana trocarán por la indignidad de la bestia.
Los otros buscan desde sus manos llagadas
otras manos donde beber un latido de hombre
ensordecidos para siempre por el trueno de las bombas
buscan la paz de un silencio
que no sea el silencio de los muertos.
Llegan. Vedlos. Son los otros
Desde la altura de nuestra muralla
contemplemos sus despojos.
Sólo una lágrima nuestra
puede calmarles
la sed.