roberetazos
Poeta asiduo al portal
Los pájaros madrugadores que
sobrevuelan la polución de la ciudad,
posándose en lo alto del tejado
de la casa a la que nos aferrámos.
Los pájaros, aún siguen siendo los mísmos
que antaño, cuando entonces
no sobrevolaban mi tejado,
pero si lo hacían en lo alto de tus manos.
Lo hacían en las mismas manos
que nosotros mismos atamos,
junto con el corazón al
alambre de espinas que fue condenado.
El corazón fue juzgado a sufrir eternamente,
maniatado de pies y manos, pero
nunca lo hizo de razón porque la misma
nunca reaccionó a la razón de la sinrazón.
© Roberto Zarco.
© www.robertozarco.com
sobrevuelan la polución de la ciudad,
posándose en lo alto del tejado
de la casa a la que nos aferrámos.
Los pájaros, aún siguen siendo los mísmos
que antaño, cuando entonces
no sobrevolaban mi tejado,
pero si lo hacían en lo alto de tus manos.
Lo hacían en las mismas manos
que nosotros mismos atamos,
junto con el corazón al
alambre de espinas que fue condenado.
El corazón fue juzgado a sufrir eternamente,
maniatado de pies y manos, pero
nunca lo hizo de razón porque la misma
nunca reaccionó a la razón de la sinrazón.
© Roberto Zarco.
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